Dos Islas: pop y desamor para humanos sentimentales

Dos Islas: pop y desamor para humanos sentimentales

Los barceloneses Dos Islas debutaron el pasado mes de noviembre con Encuentros, diez canciones pop desde las que hablar sobre la juventud, el amor/desamor y el miedo a la pérdida. Muy recomendable. 

El álbum se utilizaba como recuerdo físico de aquellas experiencias y vivencias únicas que debían de ser especiales por el mero hecho de formar parte de ellas. Bodas, bautizos, comuniones o relajantes vacaciones en destinos paradisíacos. Ese acto en el que los protagonistas ofrendaban a sus víctimas con un completo visionado de sus fotografías acompañado de innumerables comentarios del director. Ahora esos álbumes son virtuales y fácilmente viralizables por medio de un simple click de nuestro amigo el caralibro, pero igual que ocurre con los personales diarios, aún hay quien necesita de vías más ancestrales (y humanas) para crear instantáneas desde las que recordar el camino trazado (y el que no debe volver a ser pisado). Precisamente así es como funciona Encuentros (autoeditado, 2017), el primer largo publicado por Dos Islas.

A lo largo de los diez temas que conforman este disco, Dos Islas abre su lata metálica para hablar del amor, el desamor, la pérdida y la búsqueda de uno mismo. Ser joven no es tan fácil como nos venden en las comedias adolescentes si nunca te hablan del miedo al fracaso. Volteretas circenses en el aire y visitas a grutas lúgubres sin contar con el cálido apoyo de una tea. Encuentros y desencuentros.

Dos Islas empiezan con lo más complicado y lo más humano: la ruptura en su etapa más dolorosa. «Kéfir» presenta una voz tan grave como cálida perseguida por unas bases rítmicas que recuerdan esos escarpados acantilados desde los que los románticos decidían recordar las palabras de Shakespeare y dejar de ser. Un tema que va tensando la cuerda hacia su final y que sirve de perfecto de ejemplo del camino que Dos Islas llevarán en un futuro inmediato: sus letras y música te llevan por calles del pop por las que han caminado Dorian, Cala Vento o Duncan Dhu. En esa misma línea encontramos «El centro», tan pegadiza y acertada en su intercambio de voces masculinas y femeninas, «Soy yo otra vez», con una melodía de lo más contagiosa (y que esperamos que pronto se convierta en sencillo) o «Ecuaciones», donde el teclado gana protagonismo y dota a la canción de un toque oscuro de tintes épicos.

En ese baile pop, a veces juguetón con los malabarismos en los teclados (como en «Interestelar», su último tema), a veces coqueto con otros géneros como el rock (como en las fases macabras y folklóricas de «El espejo» y «El rito», o en la herencia clásica que rezuma «El abrazo de después»), resulta muy interesante encontrarse con dos rarezas tan perturbadoras en una primera escucha como son «Abismo» y «Progreso», dos canciones de amor/desamor que destacan por su orgánica versión —casi acústica— y su inesperada extrañeza, respectivamente. A lo largo de Encuentros, Dos Islas recrean pequeñas grandes historias en las que encontrarse y desencontrarse con personajes del pasado, desasirse de mochilas de peso muerto o rendirse al espíritu romántico del héroe trágico en pleno siglo XXI. Todo ello con delicadeza, buen gusto y un sentido de la armonía raramente encontrado a su edad. Danzad, danzad, malditos.

En mi iPod cohabitan Britney Spears, Jamiroquai y Camellos. Binomio de Proyecto Waikiki y eterna estudiante. Vendo Opel Corsa aunque no tenga carné. M. O. es M. O.

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