Not My Circus, rumbo a Nicobar

Not My Circus, rumbo a Nicobar

Tras nuestra presentación en exclusiva de hace unas semanas, hoy revisamos el primer trabajo de Not My Circus, grupo afincado en Madrid cuyos componentes son de procedencia tan diversa como variadas sus influencias.

Las bandas con gran número de componentes siempre me producen algo de fascinación: en parte por las dificultades logísticas que debe plantear algo tan nimio como la elección de un horario de ensayo, en parte por la obvia problemática de forzar multiples voluntades a mirar en parecida dirección. Siendo en origen un quinteto aumentado posteriormente a sexteto, el caso de Not My Circus encajaría perfectamente en este complejo molde. Y sin embargo, la banda se las ha arreglado para alcanzar más bien pronto un extraordinario número de metas, sin que la publicación de su primer EP haya sido la menos importante de ellas.

El EP Not My Circus (autoeditado, 2018) llega así tras un periodo de gestación no especialmente largo, con sus progenitores habiendo existido como banda durante no mucho más de un año. Dos de las canciones incluidas en él ya habían sido publicadas en 2017, dando fe del viaje recorrido por la banda desde el DIY y las grabaciones caseras —que no lo-fi— hasta el trabajo de estudio llevado a cabo en El Invernadero con Brian Hunt a los mandos, siempre con Sean MacKenzie como productor y la autogestión como principal guía.

All pass, echoes electrical
Wet sand I set to for too far
I am monsoon
Wide skies are mine on Nicobar

Not My Circus es un trabajo de difícil clasificación, debido a la miriada de retales que componen un patchwork donde resulta difícil apreciar las costuras. Bajo una intención esencialmente pop podemos apreciar detalles de funk, folk y soul, dando lugar a arreglos complejos que no adolecen de innecesarios barroquismos. Algunos elementos especialmente llamativos son el gusto por los solos interpretados con instrumentos de viento —como la armónica grabada a través de un teléfono móvil en «Pitiable Lover» o el saxofón de «Sabatini»— junto a detalles algo más sutiles, como el contrabajo de «One from the Lung» o las texturas electrónicas de «Nicobar». El groove aportado por la base rítmica a cargo de Benja Bravo y Ben Gibson constituye un sólido armazón —que en ocasiones llega a ser tan bailable como en «Bones»— sobre el que superponer el trabajo de Jake Alexander a la guitarra y, por supuesto, las voces de Sally Fazakerley y David Ensberger. El hecho de contar con dos cantantes tan dotados y capaces de armonizar sin esfuerzo aparente es una seña de identidad fundamental, al tiempo que una de las principales bazas con las que cuenta la banda. Pero en pocos lugares esto resulta tan audible como en la mencionada «One from the Lung», aunque quizá «Nicobar» sea la canción que mejor captura el espíritu de Not My Circus. El largo desarrollo de este tema genera una gran expectación que se ve ampliamente recompensada al llegar a su estribillo, con una sensacional línea de bajo sobre la que los versos «All pass, echoes electrical / Wet sand I set to for too far / I am monsoon / Wide skies are mine on Nicobar» consiguen transmitir una insuperable sensación de exultante felicidad.

Not My Circus se tomarán un breve descanso durante los próximos meses pero volveremos a tener ocasión de verlos en escena con la llegada del otoño. Hasta entonces haremos bien en prestarle atención a este estupendo EP homónimo para acudir con los deberes hechos a los próximos conciertos del grupo.

Politólogo a mi pesar.

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