Entrevista a El Pardo: «Debería ser casi obligatorio hacer canción honesta»

Entrevista a El Pardo: «Debería ser casi obligatorio hacer canción honesta»

Terminamos el ciclo de artículos dedicados a El Pardo como nuestro Emergente de la Semana conversando con Raúl Querido, portavoz de la banda durante esta extensa entrevista.

Para quien no os conozca, quiénes sois El Pardo, qué hacéis y qué tenéis contra las personas de apellidos compuestos y las empresas trasnacionales de origen suizo.
Somos El Pardo, una banda de pop rock de Madrid. Y yo soy Raúl Querido, letrista y vocalista, haciendo en esta ocasión de portavoz más a mano. Contra los de los apellidos compuestos y las multinacionales tenemos, sobre todo, la necesidad. Ellos tienen los medios.

Según vosotros, ¿cuándo una banda deja de ser emergente? ¿Os incomoda ese adjetivo?
Es un adjetivo que se usa comúnmente. Que responde a una realidad en la que es casi imposible ser una banda establecida. Lógicamente, se deja de ser emergente en el momento en que terminas de sacar el cuerpo, todo el cuerpo, de dentro del agua.

Intuimos que la dedicación a la música ocupará un espacio muy grande de vuestro tiempo. En vuestras relaciones laborales, diarias, personales… ¿qué lleva consigo el ser músico?
En nuestra realidad, ser músico conlleva una pasión grande. La obligación casi segura de detraer tiempo y recursos de otros ámbitos para dedicarlos a esa gran pasión. Y satisfacciones y algún disgusto a la medida de ese empeño: disfrutar de los conciertos, de las personas, de los encuentros, lidiar con los desengaños de manera que sean menos.

¿Creéis que el modelo musical actual ayuda a las bandas emergentes? ¿En qué creéis que es necesario hacer (o no) cambios?
Me cuesta pensar en el modelo. Al final más bien hay una situación caótica en la que, frente a una serie de circunstancias, una ejerce su capacidad de tomar decisiones, hasta donde le sea posible y de la mejor manera posible. Buscando, primero, que su proyecto sea viable y sobreviva. Y luego, en un muchas veces hipotético paso siguiente, que su proyecto gane difusión, genere algo de dinero y crezca. Cambios habrá que hacer, como en tantos ámbitos, para que el modelo pueda ser más favorable al reparto justo y equitativo, y menos tendente a la acumulación y a penalizar la variedad en fondo y forma con una imposición flagelante de silencio y penurias.

Es una pena que ese circuito de festivales con patrocinios públicos y privados de cierta entidad, sea hoy casi el único modelo de financiación medianamente efectiva o eficiente para los grupos.

¿Qué opinión tenéis de los festivales que inundan la programación?
Como público, lo cierto es que no somos de lo más festivalero. Como grupo, sólo hemos tocado en el FIB. Nos fue muy bien, nos trataron bien, nos pagaron algo ajustado pero suficiente, y repetiríamos. En el caso de otros festivales, ojalá nos llamen y podamos valorar si nos interesa o no tocar allí. En escenario grande y con buena potencia de sonido nos manejamos bien. Desde el punto de vista de modelo de negocio y de la crítica que se hace a los carteles, muchas veces miméticos entre diversos festivales… pues es una pena que ese circuito de festivales con patrocinios públicos y privados de cierta entidad, sea hoy casi el único modelo de financiación medianamente efectiva o eficiente para los grupos. Máxime cuando es, en la práctica, un universo estilísticamente limitado, y en el que no entran, y repiten, más que unos pocos grupos con un buen aparato promocional detrás. Que haya muchos festivales en España, por lo demás, es normal: hace un tiempo fundamentalmente soleado durante más de cinco meses al año. Nos gusta hacer planes al aire libre.

Parece ser que en los próximos Presupuestos Generales del Estado se reducirá al 10% el IVA de la música en directo, ¿qué suponen estas pequeñas victorias en el mundo emergente?
En el de los conciertos autogestionados, supongo que una posibilidad de poder operar bajo la estricta legalidad impositiva, con algo menos de ahogo. De todas maneras, incluso ahora que el mercado ofrece la figura de esas cooperativas para músicos que facturan en nuestro nombre y cobran a cambio de aliviar los trámites de cotización social, IRPF, etc., el bloque de obligaciones fiscales que pesa sobre quien trate de vivir de la música underground, es casi del todo inasumible.

¿Cómo os preparáis para un concierto?
Ensayando todo lo que podemos. A mí me encantaría poder vivir de la música y ensayar a diario. Por suerte, estoy en el grupo con personas muy capaces y de gran calidad musical. Con relativamente pocos ensayos para un concierto en concreto, la trayectoria acumulada en este y otros grupos, hace que la respuesta en vivo sea excelente. Estoy rodeado de talentazos.

El proceso de composición suele llevar música y letra en paralelo.

Vuestras letras tienden a eclipsar un tanto vuestro trabajo musical. ¿Cómo se componen las canciones de El Pardo? ¿El punto de partida es la música o la letra?
Las letras están bien. Suelen llamar la atención de la gente y se queda con ellas. En canciones largas y complicadas desde el punto de vista lírico, hay frases que se graban y sirven de gancho, o que a veces se repiten y funcionan como estribillo. El proceso de composición suele llevar música y letra en paralelo. El arranque puede ser a partir de una línea de bajo o un riff de guitarra – como lo ha sido en muchas canciones de ¡Europa SÍ! – y a partir de ahí ir creciendo. En los discos anteriores sí hubo algo más de tarea de maquetación casera. Pero éste, se ha compuesto casi al completo en el local de ensayo. Las letras nunca se terminan hasta que la música se ha completado. Y aún así, todo puede ir mutando y terminando de fijarse con el trabajo en o para el directo, o cuando se va al estudio y se graba.

¿Cuál ha sido el motivo de incluir nuevas versiones de cuatro canciones de vuestro álbum anterior en ¡Europa SÍ!?
Habían ido cambiando. Ahora son más contundentes, más rápidas y más completas que cuando grabamos 2015. Y «Plasma», en concreto, yo diría que es una canción nueva y que, con el complemento en la letra, alcanza a ser algo más que el parte de noticias que empezó siendo.

Cada uno de vuestros tres álbumes ha sido publicado empleando un método ligeramente diferente pero siempre desde la autogestión. ¿Pensáis que este modelo os ofrece más ventajas o se trata de una cuestión de principios?
Hay mucho de principios en cómo hemos ido haciendo las cosas. De intuición, de error (mucho) y algún acierto. Es un proceso y algo habremos aprendido. Lo que no hay es intención de elitismo, de decirle a nadie lo que es bueno o es malo, ni mucho menos proponer que ciertas prácticas están «permitidas o prohibidas» en el underground o en la vida en general. Ojalá hubieramos encontrado la manera de hacer que hubiese aliviado las dificultades que aún seguimos encontrando o afrontando. Pero, dentro de ese no saber tanto aún, creo que hemos hecho alguna cosa de la manera que mejor nos ha puesto en contacto con un público para el que lo nuestro es sustantivo, tiene importancia, lo atesoran, nos ayudaran a cuidarlo y a seguir enriqueciéndolo, dando contenido y peso a El Pardo. Eso es valiosísimo y sería el gran logro hasta ahora. Ojalá seguir sacando canciones, mantener eso y lograr más cosas aún.

Nuestra inquietud política es producto de la vida.

¿De dónde procede vuestra formación e inquietudes políticas? ¿De lecturas académicas, activismo o alguna otra vía?
Acumular lecturas y debates es importante. Sobre todo cuando sirve para ir generando un léxico y, sobre todo, una gramática. Eso ayuda a pensar y expresarse. Formar parte de una red, cuidarla, enriquecerla, incluso generarla, eso es aún más importante. Te diría, y no me importa si suena populista o demagógico, que la verdad de nuestra inquietud política, es producto de la vida. De vivirla y la necesidad de entenderla y expresarse y actuar. Y la formación, de la suerte de encontrarse con personas con las que hacer piña y afrontar los retos en común.

¿Qué tipo de figuras os inspiran, además de músicos? ¿Con quién contáis entre vuestros referentes?
Creo que no hemos puesto en común nunca una lista de influencias en ese sentido. Pero diría que, aunque se trata de una respuesta algo genérica, nos sentimos inspirados no sólo por personas dedicadas a la creación artística y al debate político sino que, en general, sentimos cercanía y atracción por personas de nuestros ámbitos cotidianos, de esas que te insuflan entusiasmo y optimismo: que se puede hacer lo que cada una quiera, y como cada una quiera. Sin engañarse, porque no siempre todo sale bien. Pero sí merece la pena intentar vivir así en todo lo posible. Las personas que son capaces de vincularse, cuidarse, ser empáticas, adaptarse sin venderse y evitar el cinismo o la depresión, esas nos marcan el camino.

¿Qué opináis sobre la tendencia actual de muchos músicos a incluir algún tipo de comentario social en su obra, ya sea auténtico o impostado?
Si es impostado y tosco, probablemente se note y no nos guste. Si es auténtico, podremos estar de acuerdo o no, pero es probable que nos llegue y, como mínimo, nos dé para debatir. No es una obligación hacer canción política. Creo que más bien debería ser casi obligatorio hacer canción honesta. Se pueden decir muchas cosas, jugar mucho e inventarse mundos alternativos, sin perder la honestidad de fondo en lo que se hace.

Es difícil imaginarse un mundo sin música. Si el mundo se orienta al cambio, habrá casi seguro una música sonando mientras tanto.

¿Pensáis que la música todavía tiene un papel que cumplir en los procesos de cambio social o su rol ha pasado a ser secundario?
Socialmente el rol principal de la música como aglutinador juvenil lleva décadas de cambio hacia un papel de punto de encuentro mucho menos catártico. Aún así, es difícil imaginarse un mundo sin música. Si el mundo se orienta al cambio, habrá casi seguro una música sonando mientras tanto.

En vuestras letras se emplean tanto el humor como la ira a modo de mecanismos de denuncia de quienes percibís como culpables. ¿Preferís expresaros a través del primero o de la segunda?
Creo que, sobre todo, expresamos con humor o ira la misma contradicción vital de la que somos parte. El humor sale solo, es un mecanismo de adaptación y supervivencia. La ira, también, de supervivencia. Es necesaria, pero sentir ira profunda no sienta demasiado bien. En ese sentido su sublimación a través de una expresión artística, como la de dar un concierto, puede ser una otra forma de terapia.

Nosotros contamos y compartimos las cosas como creemos que debemos hacerlo. Ojalá eso no nos cueste la libertad.

La llamada «ley mordaza» ha favorecido la aplicación de penas de prisión para delitos de opinión ¿Tenéis miedo de terminar en la misma mazmorra que tantos tuiteros y raperos?
Esperemos que no pase. Porque sería radicalmente injusto. Es verdad que son injusticias que están ocurriendo, que quienes dictan las leyes han buscado y están consiguiendo que ocurran, poniendo la maquinaria represiva del Estado, incluido el Ministerio Fiscal, del lado de la censura y el retroceso en nuestras libertades. En ocasiones, el Poder Judicial demuestra cierta resistencia a este atropello, pero es insuficiente: es necesario recobrar las cotas de poder suficientes para cargarse la mordaza desde la legislación misma. Nosotros contamos y compartimos las cosas como creemos que debemos hacerlo. Ojalá eso no nos cueste la libertad ni ningún otro disgusto mayor. Sería un atropello. Y estamos profundamente en contra del atropello a los derechos de tuiteros, raperos y, en general, de personas que están ejerciendo su libertad de conciencia y de expresión. Admiramos a las personas que ponen el cuerpo y se la juegan, y no paran en su empeño de establecer un diálogo y una narrativa que ponga en cuestión la oficial, la biempensante y que no quiere dejar aire a nada más.

Recientemente habéis tocado en Madrid como parte de la programación de Sound Isidro. ¿Qué planes tenéis para el futuro más inmediato?
Vamos a seguir buscando conciertos, con planes para presentar el disco fuera de Madrid. Queremos que el disco lo pueda conocer en directo más y más gente. Y debemos procurar continuar recuperando gastos, de manera que, cuando toque grabar el cuarto disco de El Pardo, estemos en condiciones de poder permitírnoslo.

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