Entrevista a Rodrigo Soler: «Si la industria no nos muestra, lo haremos nosotros»

Entrevista a Rodrigo Soler: «Si la industria no nos muestra, lo haremos nosotros»

Con motivo de la visita del artista argentino Rodrigo Soler, nos citamos en un café madrileño para hablar de los viajes físicos, emocionales, la grabación de Amores Bonsái y sus dos proyectos colaborativos: Sesiones Porteñas y Proyecto Pandora.

Fotografía: Eva Sanabria

¿Qué es un artista emergente para ti?
Para mi entender, un artista emergente o under, como decimos en Argentina, depende del tipo de contrato que tienes, el público que llevas, tu relación con las marcas. Dejas de serlo cuando la gente te conoce, incluso sin saber qué tipo de música haces. Va un poco con la exposición pública.

Intuimos que la dedicación a la música ocupará un espacio muy grande de tu tiempo. En tus relaciones laborales, diarias, personales… ¿qué lleva consigo el ser músico?
Bueno, yo hago música porque necesito hacerla. Viva o no de ello toda mi vida, lo hago porque es algo interior que necesito sacar. Sientes que estás todo el tiempo trabajando para la música pero no siempre es todo lo que haces en tu vida, pero sientes que necesitas dedicarle más tiempo que a otras facetas. Es algo constante. Normalmente en tu trabajo una vez que terminas, lo olvidas y, mientras, la música te va a acompañar toda la vida. Lo vas compaginando con otras cosas.

¿Crees que el modelo actual musical ayuda a las bandas emergentes? ¿En qué crees que es necesario hacer (o no) cambios?
No, todo lo contrario. Es más, aplasta a todo lo under y todo lo emergente. Hace años que no aporta nada nuevo, sencillamente absorbe cuando lo nuevo ya funciona, se está haciendo masivo y ya ha generado dinero. La industria sólo te quiere si generas dinero. Está todo bastante cerrado y apenas hay posibilidades para mostrar. Aún así hay un montón de gente que sí investiga y es la gente que acaba descubriendo no la música que le imponen, si no la que le gusta realmente.

¿Cómo te preparas para un concierto?
Bueno, ahora mismo estoy tratando de organizarme con tiempo el mismo día del concierto. Me lo tomo con tranquilidad, me relajo, me despierto tranquilo, me pongo el despertador…me voy imaginando el concierto, voy viendo la lista de temas a tocar… si es un show con banda voy hablando con ellos para ver qué necesitan y vamos armando el concierto.

Para quien no te conozca, quien eres, qué haces y cuántas veces te han preguntado por la colaboración con Jennifer López.
[Risas] Me preguntan todo el tiempo por ella, la verdad. Bueno, soy Rodrigo Soler y soy un músico argentino que también ha vivido en Madrid. He viajado por muchos sitios y he ido recogiendo historias que voy contando en mis canciones. Me gusta cuidar las letras y darle una vuelta distinta, modificar la métrica… una manera de valorar las canciones en cierto sentido.

Rodrigo Soler - Fotografía: Eva Sanabria

Tú eres argentino pero pasaste mucho tiempo en España hace años. Ahora que has vuelto de promoción, igual que con el primer disco, ¿has notado cambios respecto a la ciudad que conociste?
Creo que a nivel de la música emergente está muy bien y, en cierto modo, a través de la crisis se ha potenciado la necesidad de decir las cosas y la creatividad de la gente. Tanto como vía de escape como con la necesidad de contarlo. Creo que hay mucho talento.

¿Cómo te dio por venir a España, por cierto?
Bueno, cuando llegó la crisis a Argentina en 2001 yo tenía un grupo y estábamamos por grabar el segundo disco. No había tantas discográficas allá porque las discográficas amenzaban con cerrar. Decidimos que queríamos movernos y España surgió por la relación que todos tenemos por nuestros familiares. La duda era entre recorrer Sudamérica o venir a España y ganó la segunda opción. Me cambió la vida para siempre ya que me generó una relación mucho más fuerte con la tierra de mi abuelo y con las historias que él me contaba. Todo me resultaba más cercano.

Anteriormente formabas parte de formaciones musicales, pero desde hace unos pocos años han desarrollado una carrera e solitario. ¿Mejor sólo que mal acompañado?
En realidad, cuando volví a Argentina la idea que tenía era la de armar un grupo nuevo, pero me encontré con que muchos amigos míos habían dejado la música después de ocho años o que estaban en otras historias. Entonces empecé a buscar la manera de conocer a otros músicos y, por ejemplo, es así como conocí a Alejandro Spinelli (mi productor). Hablé con él para grabar cuatro canciones para ver cómo podría ser este proyecto con banda y así salir después a buscar a los demás músicos. Y lo cierto es que tuvimos una conexión muy grande, tanto que decidimos que esos cuatro temas derivaron en ese primer disco como proyecto en solitario. Hicimos conciertos y de ahí fuimos sumando amigos músicos. Digamos que se fue dando todo poco a poco.

Hace unos meses publicaste Amores bonsái, tu segundo disco en solitario. ¿Qué diferencias y similitudes podemos encontrar entre ambos discos? Cuéntanos sobre el proceso de grabación de este último.
En este nuevo trabajo volví a trabajar con Alejandro Spinelli en el mismo estudio, aunque con mejores máquinas, y eso creo que le ha dado una línea de continuidad. Sin embargo, al ser el segundo trabajo que hacíamos juntos estábamos más conectados. Aparte, estos último años he estado trabajando la voz con Emilia Recalde y así poder explorar otras tonalidades. De hecho, tuve que subir de tono algunos temas. Este es uno de los grandes cambios del primero al segundo disco junto con la claridad de ideas. El primer disco fue un gran disco, pero en este desde el inicio tenía las cosas más claras.

El disco empieza con «En la guerra conmigo», un tema de corte rock donde hablas de lo contradictorios que somos. ¿El ser humano es difícil por naturaleza o nos gusta hacérnoslo?
Creo que sí, que somos complicados. Muchas veces estamos como en guerra con nosotros mismos y no entendemos por qué estamos en guerra en nuestras relaciones cuando muchas veces somos nosotros mismos los que tenemos un conflicto dentro. Eso que dicen que «si no estás bien contigo no podrás estarlo con los demás» muchas veces es cierto. A veces somos autodestructivos, incoherentes, nos boicoteamos… y otras veces aunque luchamos traemos algo innato que acaba saliendo a la luz. Creo que es una de las grandes luchas como ser humano: no permitir que esa mochila que traemos esté por encima de lo que nosotros queremos. Y también pelearse entre lo que somos y lo que queremos ser.

Rodrigo Soler - Fotografía: Eva Sanabria

Después, llega uno de los muchos cambios de estilos que aparecen durante el disco con «No entiendo», una suerte de reggae. ¿Qué artistas podemos encontrar en tu reproductor de música?
Hay varias ramas que me gustan mucho. Cuando estaba en Argentina escuchaba mucho rock nacional como Charles, Spinetta, Calamaro, Páez… crecí con su música. Al llegar a España recibí un montón de información nueva como Fito y Fitipaldis, La Cabra Mecánica, lo que ahora hace Lichis… de pequeño mis padres me ponían discos de Serrat y Sabina, incluso Mocedades. Un poco de toda esa influencia se une que escucho a muchos amigos míos que también están emergiendo, investigar…

Tanto en ese tema como en «De perdidos al río» nos llegan visos de Los Delinquentes y La Cabra Mecánica. Nos han comentado que hay cierta relación entre la banda y tu persona (también en «Las flores inertes de la primavera»).
Nos habíamos contactado un par de veces, pero no conseguimos vernos cuando estuve aquí de gira. Cuando vino a Argentina sí que tuvimos ocasión de vernos y charlar. Su banda es increíble, su mánager también… y tuvimos muy buena onda con ellos. Lo respeto muchísimo como artista y como persona. Habla mucho de tí la gente con la que te rodeas. Le admiro mucho y me llena de honor poder haber tenido estas charlas con él.

«Merecido» ha sido el single del disco. ¿Por qué esta y no otra?
Bueno, hay varias razones. Cuando empecé a grabar este disco, grabé un par de canciones cuando estaba por venir de gira por aquí en cierto modo para dejar atrás «, para avanzar con cosas nuevas. Grabé «De perdidos al río», «Merecido» y «El alma en cenizas» y, justo el single tuve que subirla un tono después. Elegí «Merecido» porque me parecía que era una historia de desamor, de las que suelo contar. Eso de que nos damos cuenta de lo que teníamos cuando lo perdimos, ese sentimiento o ese vacío que a mí me ayuda mucho a componer. Ya en el primer disco quise poner un tango, pero quedaba raro al ser un artista de rock de última. Me quedé con las ganas y como canto bastante al desamor, me parecía un tema que sintetizaba qué iba a encontrarse el oyente en Amores bonsái.

También hay sitio para canciones más íntimas e introspectivas como «Llueve y no estás». ¿El amor y el desamor siguen siendo puntos de partida?
El amor y el desamor siguen siendo los puntos de partida de la vida de casi todo el mundo, y también de mis canciones. Yo cuando estoy contento me voy de cañas con mis amigos, pero si estoy triste me pongo a escribir porque necesito sacarlo. Escribir una canción de desamor es como tratar de ganar cuando perdiste, de quedarte con la última palabra. Pero lo cierto es que en este disco también hay canciones más introspectivas como «La guerra conmigo» o «De perdidos al río» que hablan de otras cosas. O «Las flores inertes de la primavera». Digamos que tengo ganas de cantar a otras cosas, a hablar diferente. Ya le canté mucho al desamor. Diletancia, Amores bonsái… sus títulos son enemigos a vencer, recordatorios de situaciones vividas. Diletancia estaba relacionado con ese momento en el que volví a Argentina después de ocho años y mi disco tardaba en salir, yo no me decidía, estaba en esa búsqueda de readaptación. Y con Amores bonsái son las historias de amor y desamor que no surgieron, historias a las que se les cortaron las raíces y las ramas para que no crecieran, se les negó la posibilidad a desarrollarse. Es un tanto autocrítico. Cuando ves que diferentes personas te dicen lo mismo, igual el problema lo tienes tú [risas].

Entre disco y disco has creado Sesiones Porteñas y Proyecto Pandora. Cuéntanos sobre ello.
Sesiones Porteñas creció y nació desde la necesidad de crear con amigos dedicados al medio audiovisual y con colegas que hacen cosas muy buenas. Las ganas de unir y conectarme con músicos que veía que hacían cosas geniales, que nos juntábamos en ciclos y shows y se quedaba simplemente ahí. Una especie de excusa para reunirnos. Todos estamos con nuestra carrera pero, a la vez, luchando por lo mismo. Hagamos algo lindo, grabémoslo, dejemos algo asentado… cada Sesión Porteña estamos con el artista tomando un café, conociéndonos, elegimos los temas…existe una conexión ya que muchos de nuestros problemas coinciden y entre todos nos podemos ayudar así. Sesiones Porteñas fue creado como un espacio desde el que dar difusión a artistas de una manera más amplia. A veces, con esto de la industria, parece que tenemos que competir entre nosotros. Y te hacen creer que si escuchan a otro no te escucharán a ti. Y estamos hablando de música. Es una manera de enseñar que no es un negocio, sino que la música es un generador de sensaciones y éstas pueden conseguirse desde la colaboración entre artistas. De hecho, muchas colaboraciones de vídeo han acabado en colaboraciones «reales» e incluso han armado fechas conjuntas y, yo mismo, quiero crear algo similar a un festival con la presencia de todos los artistas que han ido pasando en nuestros episodios. Nos está yendo bien y confío en sus posibilidades. Además nos gusta hacerlo y resulta una declaración de principios: no nos importa lo que diga la gente, los concursos, las batallas de bandas (una situación que me parece terrible), los rankings, los premios tras competir…

Y Proyecto Pandora nació a finales del pasado año con Cristian Gigena, Ratola, un cantautor de Campana, de Buenos Aires. Es un gran amigo que también participó en las Sesiones Porteñas con el que comparto escenarios desde hace muchos años. Él me decía que hay música increíble de países de todo el mundo que conocemos gracias a las posibilidades de internet. Entonces formamos estos compilados, como antaño, en formato full album en YouTube. Hay artistas de la mayor parte de países que encontramos y con los que contactamos. Llevamos dos volúmenes con ocho o nueve artistas en cada uno y presencia de once países en total. Cada artista comparte desde su país y, por tanto, a cada artista que graba lo van a escuchar en otros países. Y así están surgiendo varias sinergias muy interesantes. Es una manera de decirle a la industria que si ella no nos muestra, lo haremos nosotros. El objetivo de Proyecto Pandora es que viajen las canciones.

¿Por dónde te veremos de gira estas semanas? ¿Tus directos cambian respecto a tus discos?
Lo cierto es que estoy muy contento con esta gira ya que voy al doble de ciudades que con el primer disco. Voy a tocar en Andorra, incluso. Le llegó mi música al dueño de La Fata Ignorant y me lo propuso y yo encantado. Estaré girando por Madrid, Santiago de Copostela, Pontevedra, Bilbao, Barcelona, Andorra, Valencia y Cartagena. Me parece genial tocar en ciudades en las que anteriormente no tuve la posibilidad de estar con mis anterior trabajo.

 

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