Atrás Tigre sigue cogiendo altura en Fainos saír

Atrás Tigre sigue cogiendo altura en Fainos saír

Todavía no han transcurrido ni tres meses desde la publicación de su primer álbum pero Atrás Tigre ya comienza a ser un nombre reconocido.

Siempre he tenido un gran aprecio por el formato de EP, poblado por discos de reducida duración, cómodos de escuchar en una sola sentada y que —a diferencia de lo que suele ocurrir con un sencillo— muy a menudo bastan para dar cuenta de las diferentes facetas de una banda. Por ello, un EP constituye una inmejorable carta de presentación para un grupo novel que además quiera concederse a sí mismo una tregua antes de grabar un disco de larga duración, postergando así el inevitable desgaste que conlleva hasta un momento más propicio: quizá cuando el proyecto esté más firmemente asentado.

En este sentido, la senda emprendida por los compostelanos Atrás Tigre resulta paradigmática además de veloz, con el grupo apenas esperando a que se enfriara su EP homónimo antes de publicar un primer álbum que muestre más áreas de su particular propuesta sonora. Aunque si de algo no da muestras este Fainos saír (Triunvirato, 2017) es de apresuramiento, gracias a una buena colección de canciones arregladas de manera tan sobria como concienzuda y que denotan una amplia gama de influencias. Así, el oyente podrá relacionarlo fácilmente con los sonidos por los que sienta mayor afinidad y habrá quien hable de su carácter dream pop, quien prefiera detenerse en los ecos de The Cure, Another Sunny Day y The Field Mice o incluso quien entrecierre los ojos para solazarse en las áreas más oscuras de este disco.

Si algo llego a echar en falta en Fainos saír es alguna otra línea de bajo con tanta personalidad como la de la pieza instrumental «Tristeza soberana I», o la de su compañera con parte vocal —en gallego, como el resto del disco— «Tristeza soberana II». Estas se hallan entre mis canciones preferidas del álbum pero tampoco puedo dejar de mencionar la titular «Fainos saír», la excelente obertura proporcionada por «Tempo mecánica» y, muy especialmente, una «Xente que mira» que epitomiza el álbum en buena medida gracias a las ricas texturas electrónicas incluidas y un apasionante riff de guitarra, al que sus bendings finales le proporcionan un toque rompedor. Y aunque siento cierta ambivalencia hacia alguno de los retazos lo-fi que este disco todavía conserva, no creo que en ningún momento lleguen a suponer una merma en el interés que su escucha nos ofrece.

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