AGO, sentimiento folk

AGO, sentimiento folk

AGO se estrena en el largo con Ocean, Seas, Us, un disco lleno de sentimiento en el que se sumerge en los sonidos del pop, el folk e incluso detalles de gospel.

Ocean, Seas, Us (autoeditado, 2017) se inicia con «Restless Walker», una canción con la que puede una imaginarse el recorrido que realizará AGO durante sus diez canciones: llenar el minutaje de popularidad. Ojo. No se trata de ningún sustantivo denostativo ni mucho menos. En sólo un minuto y medio el cantante madrileño consigue unir percusiones que tanto nos recuerdan a conciertos multitudinarios en estadios de fútbol como a sesiones religiosas de la América profunda. Como si de gospel se tratase. Álvaro González tiene esa facilidad presente en los seres talentosos desde la que son capaces de vestir canciones con apariencia pop y esconder un alma crooner. Este consenso no siempre es fácil de llevar a cabo; es más, en ocasiones resulta terriblemente impostado. Sin embargo, AGO consigue que tras este primer ritual iniciático, el oyente consiga seguir interesándose en su sonido. A pesar del idioma (España siempre mira con desconcierto cuando sus intérpretes cantan en otras lenguas) y del pose melancólico que poco a poco va permaneciendo sobre el conjunto.

El segundo tema que aparece es «She is the sun», canción que comparte guitarras, melodías y estructuras folk con «Sounds of the Old Days», primer sencillo de presentación. Una canción que sin duda debe de evolucionar como sencillo independiente. Pese a los tintes optimistas y las melodías pop, Ocean, Seas, Us no deja de ser un disco creado a partir de la necesidad de exorcizar experiencias traumáticas. El amor que se plantea no sólo es el acaramelado de las novelas de Blue Jeans, sino que trata de dar respuesta a sus propias experiencias familiares y personales Por este motivo no resulta extraño encontrarse temas antagónicos como «I Wanna Be Here for a While» o la simpáticamente ingenua «Peces fuera del mar». Tras ellas, los nubarrones vuelven a aparecer en las intensas «Ocean, Seas, Us» y «The World is Big, Young Man», cuya épica va creando atmósferas cada vez más opresivas mientras los coros (ya una seña de su estilo) y las guitarras siguen teniendo un papel fundamental en el resultado final. Hablando de finales, en «White Wooden Bird» se atreve a adentrarse en los terrenosos suelos de la eléctronica en un acercamiento digno de mención.

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