La pasión de Toñito Blanco: 25 años de la matanza más punk

La pasión de Toñito Blanco: 25 años de la matanza más punk

El rodaje de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos duró solo una semana: la Semana Santa de 1993. Se cumplen ahora 25 años de esta película de culto, la gran obra del gallego Toñito Blanco, artista del que nadie duda que habría dejado muchas más joyas si no hubiera muerto de sobredosis poco después. Tenía solo 30 años. Y era pura pasión.

«Toñito era una persona muy especial. Alguien capaz de liar a un equipo de 40 personas, entre técnicos y actores, ¡para pasar cuatro días de tus vacaciones grabando una peli, pasando frío y comiendo una vez al día! ¡Te contaba las cosas con un entusiasmo!». Quien recuerda a su «gran amigo» es Juanillo Esteban, uno de los actores del film y conocido por ser la voz del jabalí rockero con el que se criaron miles de gallegos (el del programa televisivo Xabarín Club).

La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos se grabó en el ayuntamiento de Boqueixón, limítrofe con el de Santiago de Compostela. En un pueblo «de estos típicos que están perdidos en medio de Galicia, donde hay casas en ruinas y hay casas que están a todo trapo», rememora Juanillo.

Toñito Blanco, en una entrevista

Había también casas acabadas de construir pero con el ladrillo a la vista, sin pintar. «Muy típico de la arquitectura tradicional gallega», ironiza Juanillo Esteban. La de la película era de la familia del realizador, Ricardo Llovo. Era la casa que tenían abandonada en el propio terreno donde habían construido una nueva.

En escenas de sexo era muy fácil que hubiera más vecinos que gente del equipo grabando.

Los vecinos, asegura, «estaban encantados de que estuviéramos allí. Colaboraron en todo, cuando había alguna escena así con escabechinas de sangre se marchaban… Pero cuando había alguna que era así tipo sexo… Ya no solo se quedaban, sino que venían más. Y en esas escenas era muy fácil que hubiera más gente de la familia mirando que del equipo grabando», relata.

«Aparecían todos por allí a ver cómo era aquello, claro. Y no dejaba de ser sexo fingiendo con la ropa puesta, encima de una cama abandonada hace 20 años…», comenta.

Manuel Manquiña y Toñito, durante el rodaje

Otro de los actores, Manuel Manquiña, se pasó cuatro días durmiendo allí en la finca, en una tienda de campaña, según él mismo cuenta, para meterse en el personaje.

Como en todo gore rural que se precie, en La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos hay necrofilia, sadismo, niños en cautividad, drogas, violaciones, canibalismo… «Todas esas cosas hoy en día…», reflexiona Juanillo Esteban. «Hoy en día te pueden denunciar prácticamente por cualquier cosa», añade.

Esta película en su día fue una gamberrada, hoy en día hay mucho hater.

En este sentido, apunta que «esta película en su día fue una gamberrada que vio el público al que va dirigida, pero hoy en día, a través de las redes sociales, lo que son cosas de género llegan a un público muy amplio, entonces siempre hay alguien al que no le gusta y luego hay mucho hater».

«Hay mucha gente que está en contra de todo y que te pueden montar una campaña», advierte. Las redes, «al tener tanta repercusión», consiguen que «todo se saca de contexto con mucha facilidad», opina.

Manquiña, Julián Hernández y César Strawberry

Así que Juanillo concluye que, si la hubiera hecho en la actualidad, Toñito Blanco tendría que estar respondiendo a cantidad de grupos: ecologistas, animalistas, feministas… «Y sería un coñazo».

¿Le secuestrarían el VHS, emulando la épica del libro Fariña? «Vivimos en un momento tan hipersensible y surrealista que creo que ni me extrañaría si hubiera un escándalo con eso», dice el director Javi Camino, que 15 años después de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos rodó ¡Maldito bastardo! también junto a Juanillo.

Trabajar con poco dinero te permite arriesgar más y tener que recurrir a la autoparodia.

«Creo que ambas pelis son homenajes al cine de terror de serie B y por tanto comparten un montón de referentes. En La matanza caníbal […] hay mucho de La matanza de Texas, 2000 maníacos o Motel Hell y en ¡Maldito bastardo! también hay mucho de todo eso. Son pelis que siguen una misma tradición», explica Camino.

Silvia Superstar, en la Semana Santa de 1993

Aunque no cree que el do it yourself sea «condición indispensable» para hacer un film de culto, reconoce que «sí es cierto que hay muchas pelis de culto que son de bajo presupuesto. Supongo que porque trabajar con poco dinero te permite arriesgar más y tener que recurrir a la autoparodia para suplir carencias. Eso acaba generando cierta complicidad con el público. También porque son pelis condenadas a moverse en circuitos más underground que las pelis normales. Acaban siendo de culto porque no pueden ser otra cosa», expone.

Él, como Toñito Blanco, rodó en Santiago, también en A Coruña y en el garaje de sus padres. Una vez, grabando en una mansión abandonada que hay en Cambre, un okupa los echó a pedradas. Otro señor, cuando les vio en el monte grabando con un disfraz de robot supercutre, pensó que era un robot real y les preguntó si lo manejaban con control remoto y cómo lo habían hecho. «Es el tipo de público poco exigente que nos gusta», bromea Javi Camino.

Lobishomes, meigas, trasgos, Santa Compaña… Galicia es un filón para el cine de género.

Galicia es un filón para el cine de género, según llama la atención Javi, fijándose en el folklore autóctono «fantaterrorífico» compuesto por «lobishomes, meigas, trasgos, Santa Compaña… Siempre me extrañó que no se aprovechara más toda esa tradición y se hiciera más cine de género. Creo que aún hay mucha gente  que considera que hacer terror no es una cosa seria», lamenta. Sin ir más lejos, ya anda dándole vueltas a un crimen, el de Petín, para un proyecto.

Lo que no se plantea es hacer una segunda parte de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos, porque le tiene «demasiado respeto» a la memoria de Toñito. «Creo que sería demasiada responsabilidad continuar su legado».

La familia Machado

Para él, «fue el  gran gurú de la cultura pop en Galicia» y de seguir viviendo se muestra convencido de que «acabaría siendo un referente básico a nivel nacional. Ya no sólo por La matanza sino por todos sus conocimientos y la gracia con que escribía», resalta. Cita su divertidísimo libro Televisión de culto, «una prueba clara del potencial que tenía».

El rural gallego, ¿es más punk o más gore? Javi Camino opina que los gallegos aplican muy bien el punk en la construcción: «esos casetos feístas DIY hechos de escombros y uralita, los tambores de lavadora transformados en barbacoas…». Pero el gore, puntualiza, «también lo llevamos muy dentro. La matanza del cerdo, las gallinas corriendo sin cabeza, el despelleje de conejos… Son escenas rutinarias en cualquier aldea», describe.

Por lo pronto, para esta Semana Santa él apuesta por celebrar los 25 años de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos en familia, viendo la película juntos y comiendo un buen cocido «regado con salsa de ácido lisérgico».

El documental de Nico Campos sobre Toñito Blanco puede verse aquí.

La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos

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