Die Ranzingers: cantante explota en horno microondas

Die Ranzingers: cantante explota en horno microondas

Die Ranzingers fue un grupo que… o tal vez no lo fue. Descubre la vida y muerte de su líder, el músico y científico social Heider Hildager.

Heider Hildager fue el bajista y voz principal de la popular banda Die Ranzingers. Este conjunto pop tuvo una breve trayectoria que nos dejó varios hits musicales como: «Mercy Me», «Radio» o «Private Eye».

Pese a su éxito, Die Ranzingers no es un grupo musicalmente trascendente. Podemos decir que se limitaban a seguir la tendencia de la época, no experimentaron ni crearon nada nuevo. Es más, el mismo líder de la banda afirmaba abiertamente que sólo estaban interesados en la fama, la música era un mero canal para conseguir esto.

Su limitado talento y su cuestionable actitud hacen de este tipo un músico mediocre. Os preguntaréis porqué he querido hablar de este individuo: pues bien, ha tenido una vida de lo más interesante.

Heider Hildager combinó su carrera músical con sus estudios y publicaciones como doctor. Fue un reputado sociólogo que la petó en su campo durante la década de los sesenta. Formuló una teoría muy interesante sobre cómo la falta de información normativiza los comportamientos sociales. Revelar información exacta y concluyente sobre el desempeño de cada individuo solo desemboca en conductas extremas. Esto polariza las sociedades en grupos en función de dichos desempeños. En su tesis enumera varios estudios para explicar esto, pero a mí me llama mucho la atención el siguiente ejemplo:

«[…] Si barajamos esta misma hipótesis en un escenario más mundano, podemos entender rápidamente las implicaciones de la misma. Imagine usted un mundo de fantasía idéntico al que conoce, pero con un pequeño cambio: todo individuo tiene un marcador luminoso en la frente que contabiliza el número de conquistas sexuales que ha conseguido.
Si aplicamos la teoría formulada a este hilarante escenario, podríamos predecir que en esta sociedad la conducta de los individuos, no sólo sería menos relajada, sino más extrema. Por un lado, encontrariamos grupos en los que, por mirar ciertas normas sociales, se buscase mantener una cifra en el marcador lo más baja posible. Por otra parte, encontrariamos individuos siguiendo una pauta completamente opuesta.
En cualquiera de los casos, este sería un tema de presión en el que los marcadores adoptarán una distribución contraria a la normal; que es la curva que podemos prever que se da en este campo en nuestra sociedad […]».

Me ha parecido muy divertido ver que en Wikipedia destacaban lo siguiente:

«Gran parte de la popularidad del sociólogo se basaba en sus constantes aderezos y guiños a la sexualidad en sus estudios. Esto entusiasmaba a jóvenes de todo el mundo, pues alimentaba el fuego liberador de la década […]».

Todos esos doctores carcas me envidian porque practico el coito con muchísimas parejas sexuales diferentes.

Dentro de la comunidad científica se llegaron a tachar sus estudios de «palabrería vacía para llevarse universitarias al catre» (sí, en los sesenta se decía catre). El doctor Hildager nunca desmintió esto: «Todos esos doctores carcas me envidian porque practico el coito con muchísimas parejas sexuales diferentes».

Lo curioso es que, pese a ser denigrado dentro de la comunidad científica, consiguió su segunda carrera (como físico) antes de los 35 años. Recordemos que compaginaba esto con su actividad como músico y doctor en sociología.

Decididamente este nuevo campo de investigación fue su perdición. Heider, perdido en su arrogancia, pensó que podía crear una máquina de teletransporte. El doctor estaba convencido de que podía hacer cualquier cosa. Había triunfado en todas sus empresas sin haber realizado ningún esfuerzo, esto no sería diferente. El polifacético personaje murió a los 37 años en su garaje probando su máquina de teletransporte. Según los especialistas el experimento no tenía ni pies ni cabeza. El tipo había creado, por puro azar, un microondas gigante en el que pasó demasiado tiempo metido.

Me parece que esta trágica historia tiene un aprendizaje. Si os parece que el panorama actual está lleno de gilipollas, recordad que imbeciles ha habido siempre: no es un invento de los reguetoneros.

Die Ranzingers - Heider Hildager

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