Shakin' David: «El rock and roll es diversión. O al menos debería serlo»

Shakin' David: «El rock and roll es diversión. O al menos debería serlo»

Nos llevamos de cañas a Shakin’ David, guitarrista de la banda madrileña Zuma Birds, antes de que él y los suyos se metan en el estudio a grabar su segundo álbum, Solaris.

Fotografía: Luis Villaescusa

Puede que encajes en la etiqueta de emergente, pero quien te haya visto subido a un escenario se percata enseguida de que lo tuyo con la guitarra es algo de largo recorrido. ¿Cuándo y cómo comienza esta historia de amor?
Pues cuando tenía unos seis años estaba un día viendo la tele con mi padre y salieron unos chavales tocando la guitarra, mi padre me preguntó si me gustaría aprender a tocar y le dije que sí, por decir algo. Me compró una guitarra española, me apuntó a clases una vez por semana y a mí aquello me pareció un coñazo, que si los pentagramas, las notas… en fin, que yo odiaba la puta guitarra. Así que mi padre me borró de las clases. Años más tarde descubrí la música por mi cuenta, empecé a interesarme por muchos grupos y a mi padre le dio una nueva neura y me compró una guitarra eléctrica [risas]. Me puse a tocarla, vi que con las tablaturas podía sacar canciones y creerme Kirk Hammett y me encantó. Luego nunca he sido de tirarme cinco horas al día dale que te pego, pero sí es verdad que mis colegas se iban a la discoteca y yo mientras me quedaba en casa tocando la guitarra.

Tus influencias musicales parecen bastante claras, Grateful Dead, Neil Young y Crazy Horse, también T. Rex o Hawkwind, pero en general esa escena americana psicodélica de los setenta, deudora de las raíces del folk y el country rock. ¿De dónde sale esta pasión tuya por los sonidos americanos y progresivos?
No lo sé, en Zuma Birds sí es verdad que sale más ese tipo de influencias, pero a mí es que me gusta muchísima música en general, no soy de esos de «Yo solo escucho rock americano del 73 al 75». A mí me encanta la música electrónica, las bandas británicas de los noventa… En mis grupos aparece mucha música distinta, con los Fishmeats hacíamos versiones de Misfits en plan country, The Dragsters era un grupo de garage y power pop, con Buguibún hacemos glam setentero típico, Bubble Bones era un rollo zeppeliano… Y Zuma Birds tiene un fondo muy de raíces, empezó en la línea de Tom Petty, aunque se ha ido cañerizando cada vez más. Ahora, que si me preguntas por mi influencia principal y mi guitarrista favorito, pues sí, es Jerry García.

Shakin' David - Fotografía: Luis Villaescusa
Shakin’ David – Fotografía: Luis Villaescusa

Para mí siempre es así o, por lo menos, tiene que ser así: diversión.

El hecho de ser también el guitarrista de la banda Buguibún, donde vais maquillados de mamarrachas y vestidos a lo Gary Glitter, ¿te sirve para relajar un poco el tono y recordar que esto del rock puede ser pura y llana diversión, sin ínfulas?
Es que para mí siempre es así o, por lo menos, tiene que ser así: diversión. Cuando tenía quince años sí soñaba con vivir en una super mansión y ser una estrella del rock, pero si con treinta años sigues pensando así solo te vas a amargar. Ve al concierto, toca, pásatelo de puta madre y ya está. Pero es verdad que tocar en Buguibún en particular es muy divertido, no me siento tan responsable del proyecto así que toco los solos tirado por el suelo, me encanta maquillarme para salir a tocar y encima soy al que mejor le queda el maquillaje de los cinco… [risas].

En Contact Light [Delia Records, 2018] de Zuma Birds apareces como compositor de todos los temas. ¿Cómo encaras este proceso compositivo en solitario? ¿Cómo lo integras con el resto de la banda y hasta qué punto te apoyas en ellos?
Depende. El primer disco fue muy de canciones escritas en mi casa, que luego pasaban al local y veíamos entre todos qué hacer con ellas. Pero yo soy bastante cuadriculado para componer, lo tengo todo pensado en plan: aquí va este ritmo, aquí esta parte, aquí metemos un solo, luego vuelve esto otro… No soy dictatorial, pero sí cuadriculado. En el segundo disco el trabajo ha sido más coral y ha habido muchas ideas de Rui Barbosa (batería) y Toti García (bajo), así que, aunque las melodías son mías, la autoría de las canciones será de todo el grupo.  En el grupo anterior, en Bubble Bones, la forma de componer era al cincuenta por ciento entre Simón Gumbo y yo, y cada uno cantaba las canciones que había compuesto: el que cantaba bien era yo [risas].

Así se entiende esa coherencia del sonido con Zuma Birds y Bubble Bones…
Sí, es que con Bubble Bones he estado diez años. Siempre tuvimos la idea de montar algo más setentero o psicodélico, y por eso el sonido entronca claramente con el de Zuma Birds.

Shakin' David - Fotografía: Luis Villaescusa
Shakin’ David – Fotografía: Luis Villaescusa

No me gusta nada grabar, es un proceso muy agobiante.

Precisamente con Zuma Birds estás a punto de entrar a grabar vuestro segundo álbum, Solaris. ¿Cómo se presenta el proceso de grabación?
Pues suena un poco pretencioso decir que vaya a ser un disco conceptual, pero sí es verdad que de manera no buscada este disco va a ser todo instrumental. Y no es que nos vayamos a convertir en un grupo instrumental, es solo que este disco sí va a ser instrumental. El primer tema que compuse para el disco se llamaba «Solaris», es superlargo, tiene veinte mil partes, y a partir de ahí me piqué y me puse a hacer temas instrumentales. Escucho mucha música instrumental: mucho jazz, mucho surf, mucho Ozric Tentacles o bandas de ahora como Causa Sui… En fin, que acabé con la idea de que el disco no fuese un disco de canciones, sino que la primera canción, «Solaris», se dividiera en dos mitades de apertura y de cierre que englobaran todo lo demás, el resto de canciones que son la historia o el concepto del disco, digamos. Y así lo vamos a grabar. Aunque a mí no me gusta nada grabar, es un proceso muy agobiante: preferiría ser como los trovadores o los Grateful Dead.

Solaris nos remite por fuerza a la novela de Stanislaw Lem. ¿Encuentras inspiración en otros campos fuera de los estrictamente musicales (literatura, cine, etc.)?
Desde luego que remite absolutamente a la novela. Cuando estaba componiendo Solaris yo pensaba en un viaje a lo desconocido o un encuentro trascendental con otra entidad… pero vaya, que igual otra persona escucha el disco y le recuerda a un verano que se fue a la Manga del Mar Menor. La literatura me inspira mucho, claro, y de hecho ahora estoy metido en un doctorado de Literatura Norteamericana, pero no pretendo hacer canciones super trascendentes: al final todas las canciones van de chicas, de irte de juerga, de cosas que sientes, etc.

Bueno, hay mucha carretera polvorienta en tu música, mucho motel americano y mujeres de futuro incierto y pasado turbio. Pero también hay siempre un gusto por lo galáctico, los avistamientos de ovnis, el continuo espacio-tiempo…
Sí, en el disco nuevo hemos jugado con la idea de que cada tema esté basado en un relato de ciencia-ficción, está «The Crack in Space», de Philip K. Dick, «An Occurrence at Owl Creek Bridge», de Ambrose Bierce… yo qué sé, hay muchas referencias, pero no vamos ni queremos ir de culturetas o intelectualoides. Y el disco anterior sí era más polvoriento y más desértico, ahí estaba Easy Rider, por ejemplo, porque el cine también me influye mucho y está muy metido en nuestro imaginario mental.

Estamos asistiendo con alegría a un florecimiento del sonido neopsicodélico y progresivo que empieza a conformar una escena más que decente en nuestro país: Melange, Atavismo, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Mohama Saz… ¿A qué crees que se debe esta repentina acogida por parte de un público más amplio del que estos géneros suelen tener?
Pues creo que se debe a que todo es cíclico y al hecho de que el rock and roll está bastante agotado: ahora ha vuelto la psicodelia, dentro de cinco años volverá el glam, luego la música disco… hay un revival eterno en lugar de intentar hacer otra cosa. ¡Y te lo digo yo, que no hago otra cosa para nada! Pero sí es verdad que, sin tirarme el pisto, veo que en Zuma Birds no hacemos necesariamente un ejercicio de estilo: hay gente que no pudo ver a Pink Floyd en su día así que se limita a hacer algo que suene igual que Pink Floyd, que me parece estupendo, pero nosotros no hacemos eso. Yo no quiero pretender que vivo en 1973, como tampoco puedo pretender que no he escuchado nunca a los Sex Pistols o a Aphex Twin: toda esa música al final está en ti y sale a ramalazos en tu música, en una amalgama de cosas que pueden no tener mucho sentido pero que son lo que has mamado. Eso es un poco lo que hacen Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que es un grupo stoner con un cantante de influencia andaluza a lo Triana y les queda de puta madre.

Shakin' David - Fotografía: Luis Villaescusa
Shakin’ David – Fotografía: Luis Villaescusa

Cuando tienes un grupo en castellano el público disfruta más las cancione.

Y ahora que al fin se ha desdemonizado al castellano en las letras, ¿te planteas escribir en español en algún momento?
Sí, por qué no. Este próximo disco va a ser instrumental, pero el siguiente, por qué no. Cuando tienes un grupo en castellano el público disfruta más las canciones y al menos te las corea, eso se agradece mucho en los conciertos de Buguibún.

¿Eres optimista, con respecto a poder vivir algún día plenamente de tu música?
Si la pregunta es si soy optimista, sí, soy optimista [risas], si la pregunta es si creo que voy a poder vivir de mi música… es que tampoco sé si me gustaría. Quiero decir que, si fuera en una mansión con supermodelos y a lo grande, pues sí; pero si se trata de malvivir de mi música, teniendo que tocar en tres bandas que ni siquiera me gustan, luego pinchar en un garito, luego currar de técnico de sonido, etc. pues entonces no, porque acabaría odiando la música y yo no quiero que me pase eso jamás. Prefiero estar agobiado por mi curro y tener la música como desconexión.

Háblanos de tus planes para el futuro, ¿alguna otra banda en el horizonte que venga a completar tu repertorio de influencias?
No, ahora mismo entre la tesis, el curro y los dos grupos no me da para más. Me surgen muchas ideas y hace poco estuve trasteando con la idea de algún proyecto de electrónica, pero lo he dejado un poco aparcado. Por ahora estoy muy contento con las bandas que tengo… iba a decirte que sobre todo con una de ellas, pero es que siempre me pasa eso: cuando toco con Zuma Birds pienso que molan más que Buguibún, pero cuando toco con Buguibún digo «¡Joder, cómo mola Buguibún!» [risas].

Por último, ¿nos recomiendas una banda emergente de la escena local a la que tengamos que seguir la pista?
Tía, pues no lo sé, porque sin ser hipócrita yo no voy mucho a conciertos ni quiero ser un salvador del rock, que tengo colegas que se quejan de que no va nadie a sus conciertos, pero luego ellos hacen lo mismo. La gente tiene su vida, vamos todos atareados y solo vas a bandas que realmente te molan. Por eso no me quejo si la gente no viene a vernos. Pero bueno, por recomendarte a alguien te diré a los Red Apple, que no son emergentes porque tienen ya varios discos como nosotros, pero son una banda muy guay y muy colegas nuestros, que han hecho un disco conceptual sobre Así habló Zaratustra.

Muerta me dejas…
Sí, es un disco doble de vinilo, con un rollo super bluesero, super chulo, nada pretencioso ni coñazo en plan «Te voy a abrumar». Es más bien aquella parte que defiende Nietzsche de «Hay que bailar y pasárselo de puta madre».

 

El próximo concierto de Zuma Birds antes de que el grupo cierre la temporada tendrá lugar el viernes 12 de julio en el Mercado Barceló de Madrid.

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