Pulpop 2019 (II): sábado a la sombra

Pulpop 2019 (II): sábado a la sombra

Continuamos narrando lo ocurrido durante la segunda jornada del festival Pulpop, celebrado en la localidad almeriense de Roquetas de Mar.

Fotografía: Eva Sanabria

Aquí puedes encontrar la crónica de la primera jornada del Pulpop 2019.

Como ocurre con cualquier evento que se celebre en viernes y sábado, resulta difícil albergar dudas sobre la mayor relevancia de la segunda de las jornadas del festival Pulpop. Así, la programación del sábado 6 de julio no solo contó con los músicos de trayectoria teóricamente más relevante, sino que se permitió el lujo de contar con una programación más amplia que la del viernes. Por si ello fuera poco, esta edición también tuvo una «sesión aperitivo» celebrada a mediodía y que contó con las actuaciones de dos bandas, además de una sesión de DJ a cargo de Don Gonzalo, de la conocida tienda granadina Discos Bora-Bora.

Se había anunciado que la instalación de una carpa evitaría el riesgo de insolación corrido el año pasado durante los conciertos de Norek y The Yellow Melodies. Por ello, no dudé en personarme en las inmediaciones del espigón del puerto, apretando el paso al escuchar en la distancia lo que me pareció que podría ser el comienzo de las actuaciones en directo. Pero fue una falsa alarma después de todo: no era más que «She’s Lost Control» de Joy Division sonando a toda pastilla y aún habría tiempo para pertrecharme de cerveza antes de que comenzara el concierto de Harakiri Beach. El trío granadino no tuvo reparos en pedir al público que se acercara al escenario en cuanto terminaron con el primero de sus temas y justo antes de emprenderla con «Seres brillantes». Su propuesta de electropop bailable hizo mella en el ánimo de los presentes, que disfrutaron de temas como «La fruta tropical», extraída del EP Radio visión (autoeditado, 2019).

Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach – Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach – Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach – Fotografía: Eva Sanabria
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El sonido de Los Mejillones Tigre es similarmente bailable, aunque este sexteto se aproxima a la fiesta desde una perspectiva cercana al tropicalismo más juguetón. Tras arrancarle al público una reacción enfervorizada tan solo con decir que venían de Jaén, procedieron a recorrer un amplio repertorio que excedió con mucho los cuatro temas contenidos en su EP homónimo y en el que destacó el costumbrismo de «Cumbia de Pascual», además de una «El vampiro» que desciende por línea directa de aquella «Drácula yeyé» cantada por Andrés Pajares. Inolvidable también un tema cuya letra decía algo similar a «qué bien tocas, que aburrimiento», además de mencionar un bajo de diez cuerdas. En definitiva, la «sesión aperitivo» se benefició notablemente del espíritu festivo que le imbuyeron las dos bandas participantes.

Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Los Mejillones Tigre – Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Los Mejillones Tigre – Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Los Mejillones Tigre – Fotografía: Eva Sanabria
Harakiri Beach - Fotografía: Eva Sanabria
Los Mejillones Tigre – Fotografía: Eva Sanabria
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Horas después, ya en la plaza de toros y mientras aguardaba el comienzo del concierto de Pájara Rey, no pude evitar fijarme en un miembro del público que lucía una camiseta de Marcelo Criminal. Quizá fuera una coincidencia, pero el cuarteto abrió su concierto precisamente con una versión de la infumable «Juana de Arco». El listón había quedado tan bajo con esta referencia a su paisano que las también murcianas ya solo podían ir a mejor. Y así lo hicieron, ofreciendo algunas de las canciones de su primer trabajo junto a algún tema nuevo como «Humano o animal». Por desgracia, el sonido fue manifiestamente mejorable y las intervenciones de su vocalista Virginia solo paliaron parcialmente los tiempos muertos entre canciones. Con todo, fue un concierto divertido protagonizado por el desenfado.

Pájara Rey - Fotografía: Eva Sanabria
Pájara Rey – Fotografía: Eva Sanabria
Pájara Rey - Fotografía: Eva Sanabria
Pájara Rey – Fotografía: Eva Sanabria
Pájara Rey - Fotografía: Eva Sanabria
Pájara Rey – Fotografía: Eva Sanabria
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El grupo raro de la velada fue Guadalupe Plata. Su instrumentación consistía en guitarra eléctrica, batería y una especie de bajo construido con un barreño de metal, un palo y un trozo de cuerda, sin olvidar un músico de apoyo pertrechado con diversos artilugios de pequeña percusión: pandereta, maracas y una infernal botella de anís. Tras algo similar a unos cantos tiroleses iniciales, la banda repasó un repertorio de blues un tanto heterodoxo en el que destacaron «Tengo el diablo en el cuerpo» y el combo roedor formado por «Rata» y «Huele a rata». Para esta última el bajista descartó su fiel barreño en favor de una cigar box que se antojaba incluso convencional al compararla con el primero de sus instrumentos.

Guadalupe Plata - Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata – Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata - Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata – Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata - Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata – Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata - Fotografía: Eva Sanabria
Guadalupe Plata – Fotografía: Eva Sanabria
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Sus sucesores sobre el escenario fueron unos Nixon que ya tenía ganas de ver sobre un escenario grande, tras haber asistido a uno de sus conciertos en Madrid hace cerca de un año y medio. La lona izada tras la banda mostraba su nombre en letras gigantes sobre la portada de Utopía (El Dromedario Records, 2018), dando la sensación de que la banda almeriense se toma las cosas en serio, especialmente al jugar en casa. «Gravitacional» fue uno de los temas iniciales y con ella demostraron que sí es posible ser profeta en la propia tierra, aprovechando su final para presentarse con la proclamación su orgullo por ser de Almería. El vocalista Álex no dudó en bajar al foso para poder acercarse al público durante «El pasajero», poco antes de llegar al final de una actuación que mostró el oficio festivalero de una banda que apunta alto.

Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
Nixon - Fotografía: Eva Sanabria
Nixon – Fotografía: Eva Sanabria
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He de confesar que la propuesta de Rufus T. Firefly no me interesa demasiado, tal vez a causa de una colorida psicodelia que despierta no poca reticencia por mi parte. Su puesta en escena resultaba extrañamente envarada, con sus componentes dispuestos en torno al vocalista y guitarrista Víctor Cabezuelo, pero apelotonados en una pequeña sección del escenario como presos que hubieran estado confinados durante tanto tiempo que, al ser puestos en libertad, no son capaces de aprovechar el nuevo espacio a su disposición. Se sucedieron canciones como «Demogorgon» y «Pulp Fiction», aunque la posterior «Nebulosa Jade» es la canción que mejor ilustra lo que no me gusta de este grupo: unas letras tan plagadas de referencias que parece como si el compositor hubiera querido encontrar una para cada oyente, proporcionándole un fácil asidero que le permita engancharse a su música. Es el mismo mecanismo empleado por series como la propia Stranger Things, tan querida por la banda como para dedicarle la mencionada «Demogorgon». «Magnolia» y «Río Wolf» pusieron fin a un largo concierto que a punto estuvo de dejarme extenuado, si bien hay que conceder a la banda que supieron sobreponerse a los problemas técnicos que lastraron su actuación para ofrecer un sonido sobresaliente.

Pulpop: Rufus T. Firefly - Fotografía: Eva Sanabria
Rufus T. Firefly – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Rufus T. Firefly - Fotografía: Eva Sanabria
Rufus T. Firefly – Fotografía: Eva Sanabria
Rufus T. Firefly - Fotografía: Eva Sanabria
Rufus T. Firefly – Fotografía: Eva Sanabria
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Aunque la banda arancetana había terminado su actuación dentro del horario previsto, Roosevelt tardó en aparecer sobre el escenario, mientras tenía lugar lo que a todas luces era una prueba de sonido y no un simple line check. Por fin Marius Lauber se unió a sus secuaces —un baterista, un bajista/guitarrista y un teclista/percusionista— y el concierto comenzó en medio de una descomunal humareda. El músico alemán se movía nervioso sobre el escenario, rasgueando su guitarra, girando los potenciómetros de su sintetizador Moog y hasta golpeando una caja que se lehabía reservado sobre la plataforma de la batería, como si quisiera dejar patente cuanto antes su condición de multiinstrumentista. Se fueron sucediendo canciones como «Losing Touch», «Under the Sun» y una «Moving On» durante la cual reclamó palmadas al público con éxito parcial. Roosevelt sonaba fantasticamente, si bien con un talante mucho menos electropop de lo que había esperado. Aún así, mi cansancio acumulado ya era superior a lo que podía soportar y me despedí al término de «Falling Back», alejándome de la plaza de toros mientras el estribillo final de «Shadows» se desvanecía en la distancia.

Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
Pulpop: Roosevelt - Fotografía: Eva Sanabria
Roosevelt – Fotografía: Eva Sanabria
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Pulpop 2019: impresiones finales

  • La pantalla: La majestuosa pantalla situada al fondo del escenario fue la gran ausente de esta edición del festival Pulpop. Las chicas de Pájara Rey ciertamente la echaron de menos, y no dudaron en recordarnos que el año pasado la utilizaron para proyectar dibujos animaos durante su concierto.
  • La comida: Aunque este año tampoco hubo opciones completamente libres de productos animales, el menú fue mucho más variado que en la anterior edición, limitado a una única opción.
  • La carpa: La «sesión aperitivo» del verano pasado se vio muy afectada por un sol que caía a plomo durante las horas del mediodía. Pero el añadido de una carpa ha bastado para convertir el «mañaneo» —es un decir— en un evento tan disfrutable como memorable.
  • Los horarios: No cabe duda de que la afluencia de público al concierto de Roosevelt habría sido superior a una hora más temprana. Probablemente hubiera sido preferible adelantarlo para dejar el cierre del festival en manos de alguno de los grupos nacionales.
  • El sonido: Dejando de lado los inevitables problemas técnicos que se presentarán en cualquier evento de esta envergadura, el sonido durante la mayor parte del festival fue excelente, con la notable excepción del comienzo de la actuación de Pájara Rey.
  • La programación: Amplia presencia de bandas emergentes, grupos nacionales con predominio de lo andaluz y una propuesta internacional del calado de Roosevelt. Nada que objetar en este apartado y, por más que Rufus T. Firefly no sea mi grupo preferido, no resulta posible ignorar el interés que despierta su propuesta y lo acertado de su inclusión en el cartel.
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