Lanzadera #26: El chapuzón de Los Estanques

Lanzadera #26: El chapuzón de Los Estanques

Los Estanques se sumergen en ritmos pop, psicodélicos, progresivos, funk y rock en un disco atemporal e hipnótico cargado de matices.

Ilustración: l.a._singularidad

Estanque. Depósito artificial de agua con fines ornamentales o prácticos, como la cría de peces o el riego. Depósito de agua que se forma en una depresión del terreno de modo natural. Nuestra amiga la RAE nos presenta un espacio con múltiples variantes donde tienen cabida todo tipo de actividades. Igual que ocurre con el último disco (homónimo) de Los Estanques, publicado por The John Colby Sect e Inbophonic Records, un lugar donde los géneros musicales chapotean a placer.

Como si de una coctelera acuática se tratase, Los Estanques (el disco) reúne dosis de pop, psicodelia, rock y funk a gusto del consumidor. Su capacidad de creación y transformación se sienten desde la primera escucha de este disco que deja atrás las convenciones actuales y ofrece catorce cortes. Ahora que la música funciona a base de videoclips y temas sueltos. De esta manera nos encontramos las conocidas «Clamando al error» y «Ahora el tiempo te sobra» (canción limítrofe de las dos caras del largo) y junto a ellas una sucesión de cambios de guion y giros musicales que no hacen otra cosa que redescubrir el talento de Íñigo Bregel. Un inconformista de su tiempo.

Tras una introducción tan demoníaca como virtuosa, «¡Joder!» nos presente el rock más directo de Los Estanques. El primer chapuzón. La psicodelia y el citado rock luchan en combate durante tres escasos minutos. Rara avis que se repetirá en más de una ocasión durante el disco. «Deceso inmortal» aparece como una reversión del pop dulzón de Juan y Junior y de las redes que actualmente les han tendido grupos como Cómo Vivir en el Campo. Igual que ocurre en «Carne de cañón» y su cinematográfica melodía. Y, tras ella, un lago artificial llamado «La loa que añoré», donde Los Relámpagos y su necesaria recuperación se hacen patentes. Un juego sonoro donde lo instrumental sustenta a las voces corales que se mueven como si se encontrasen en una lavadora. «Desde ahora hasta el final» y «Suerte» traen el groove y el lado más juguetón de Los Estanques, mientras que «Vincenzo il camminante» resulta nebulosa, abstracta e inquietante, como si los cántabros hubiesen encontrado un monstruo en este depósito acuífero. Para terminar, queda señalar especialmente «Mientras tanto…». El idilio. El reencuentro. El remanso. La paz. Una composición delicada y sensible, instrumental y pausada en la que perderse cuando una necesite encontrarse.

One Response
  1. Gran descubrimiento este grupo! Seguiremos escuchando…
    Por cierto la imagen del articulo hace más que justicia al contenido, me encanta.
    Un saludo!

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