Viv Albertine y su vida más allá del punk

Viv Albertine y su vida más allá del punk

Las tardes de invierno resultan idóneas para recuperar volúmenes tan gruesos como Ropa música chicos, la amena autobiografía de Viv Albertine.

Fotografía: Kevin Cummins

The Slits fue un grupo cuya efímera trayectoria comenzó a finales de la década de los setenta del pasado siglo, en plena efervescencia del recién nacido punk. Junto a Siouxsie and the Banshees y The Raincoats fue una de las escasas bandas capitaneadas por mujeres en aquellos días, aunque su formación fue exclusivamente femenina tan solo inicialmente y, cuando llegó el momento de grabar su primer álbum, su baterista Paloma Romero —más conocida como Palmolive— ya había sido reemplazada por Budgie. La influencia de aquel Cut (Island Records, 1979) fue enorme y llega hasta nuestros días, habiendo desbrozado una senda posteriormente recorrida por un buen número de músicas que quizá no hubieran osado introducirse en un coto tradicionalmente masculino de no ser por el ejemplo de The Slits y otras pioneras.

De su grupo —entre otras cosas— habla la guitarrista Viv Albertine en su libro de memorias Clothes, Clothes, Clothes. Music, Music Music. Boys, Boys, Boys. (Faber & Faber, 2014), abreviadamente retitulado para su edicion en castellano como Ropa música chicos (Editorial Anagrama, 2017). Su medio millar de páginas comienza con la autora relatando sus vivencias de infancia y adolescencia, incluyendo algún viaje por Europa, su relación con personajes como Vivienne Westwood, Sid Vicious, John Lydon o Mick Jones, una generosa cantidad de detalles morbosos y diversos intentos de hallar su propia voz como creadora, primero en la abortada banda The Flowers of Romance y posteriormente en la ya mencionada The Slits. Como en tantas autobiografías de músicos resulta llamativa la rapidez con que la protagonista pasa de ser alguien insignificante a estar en primera línea de la vanguardia musical: hubiera agradecido que Albertine se extendiera en la narración de este proceso en lugar de presentarlo como algo a lo que ella asistió casi como mera espectadora.

Aunque la primera encarnación de The Slits se disolvió hace ya veinticinco años, Viv Albertine no duda en continuar con su historia y dar cuenta de las etapas posteriores de su vida, desde su trayectoria profesional en el campo de la realización audiovisual hasta su ámbito más íntimo. Es aquí donde la autora da muestras de una honestidad absolutamente desarmante al explicar el deterioro de su matrimonio hasta llegar al divorcio, su creciente frustración con el viacrucis sufrido para conseguir ser madre y su posterior cáncer de útero. Pero en esta segunda parte de la obra también destaca el momento en el que, cual ave fénix, Albertine decide regresar a la música, con la crónica de uno de sus conciertos escrita por Carrie Brownstein —cantante y guitarrista de las recientemente reformadas Sleater-Kinney— siendo el punto culminante del relato de esta nueva fase de su carrera.

Describir la lectura de Ropa música chicos como sencilla es quedarse bastante corto: la brevedad de sus capítulos hace que el viaje por sus páginas se convierta en una especie de cómodo paseo por territorio conocido en el que, por poco interés que tenga en la primigenia escena punk, cualquier lector encontrará numerosos rostros familiares. Así mismo, tengo pocas quejas sobre el trabajo de traducción llevado a cabo por Cecilia Ceriani, aunque en algún punto se perciba una cierta falta de información sobre determinados aspectos técnicos, como cuando llama «mando» al potenciómetro de tono de una guitarra o al referirse a los monitores de escenario como si fueran pantallas en lugar de altavoces. Con todo, Ropa música chicos es una obra destacable por su cualidad de testimonio privilegiado de los primeros pasos del punk, además de reflejar el conflicto interno de una mujer de mediana edad que no se resigna a dar su vida por finalizada tras la maternidad. En este sentido, la obra es valiosa por el retrato que Viv Albertine hace de una etapa vital que, cuando se trata de mujeres, demasiado a menudo es invisibilizada de manera inmisericorde.

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