Mi sobrino memo y el primer amor

Mi sobrino memo y el primer amor

Mi Sobrino Memo nos cuenta en diez canciones como pasar de ser novios a ser amigos (y viceversa). Pop y frikismo deliciosos. 

Mi Sobrino Memo se asemeja a Matthew Lewis (alias Neville Longbottom): esa historia de cómo el chico feo y repleto de acné se convierte en el hombre atractivo que te encuentras diez años después en la fiesta del colegio. Esa celebración en la que los capitanes del equipo de fútbol americano han mutado en cuerpos hinchados y abocados a la calvicie y las chicas más populares han visto cómo su cuerpo ha perdido la frescura tras varios partos y una infelicidad hogareña.

Somos amigos (autoeditado, 2019) funciona como un diario adolescente dónde cada pequeño detalle contiene el mayor de los significados en un joven corazón. Dónde las emociones visitan los parques de diversiones y el sonrojo y el llanto son compañeros de viaje. Pop dulce que esconde aristas que te marcan de por vida. Un caramelo envenenado de diez melodías pegadizas. Desgarro y mariposas.

Mi Sobrino Memo habla sobre Tokio y el «#Pingüino rancho». Sobre cómo el primer amor marca de por vida, expande tu corazón fuera del cuerpo y a la vez puede rodearlo de murallas que costarán años y años derribar. Del tiempo pasado en Pueblo Paleta y Hora de aventuras. De cómo las particularidades de cada uno se transforman en manías insoportables con el paso del tiempo.

Somos amigos toca el country más pop como si de Paolo Nutini se tratase («Somos amigos»), la balada de cuerda más clásica («#Éramos novios»), el pop melancólico y bailable de Miranda! («Melancólico»), el alma de Ximena Sariñana («45 cosas sobre mí»), en un homenaje a los sintetizadores («Superhéroes y villanos») y a La Casa Azul («La casa de café»), sus dos rompepistas.

Mi Sobrino Memo ha sabido combinar en Somos amigos el folklore musical de décadas anteriores con las nuevas tecnologías actuales. Y los nuevos géneros. Consiguiendo un decálogo de canciones diverso y variado donde los mundos introvertidos de pantallas y redes sociales conviven con la dureza física de las relaciones amorosas. Canciones pop y rock dulces sin azucarar. Canciones para ser cantadas, escuchadas y leídas porque, ante todo, Mi Sobrino Memo es un fabuloso creador de historias.

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