Lanzadera #33: Salvador Tóxico con bata blanca

Lanzadera #33: Salvador Tóxico con bata blanca

Canciones de laboratorio es el flamante tercer LP de Salvador Tóxico, trío madrileño de pop liderado por Javier Castellanos.

Fotografía: Eva Sanabria

Cuando en 2013 Javier Castellanos editó Animalismo (autoeditado, 2013) probablemente no imaginaba la repercusión que alcanzaría su música años después. Si en algo coinciden crítica y público es que la industria discográfica no ha tratado con justicia la apuesta personal realizada por Javier Castellanos cuando hace siete años dejó Algora y decidió liderar su proyecto en solitario con Chema Ruiz al bajo y Javier León a los teclados. En este último año, además, la familia ha crecido y en sus conciertos hemos podido ver que el trío se ha convertido en quinteto con las incorporaciones de Paco Cuenca a la guitarra y Juancar Uris a la batería.

En cualquier caso, y aunque sus dos primeros discos no recibieran la acogida esperada, Canciones de laboratorio (autoeditado, 2020) sí está suponiendo un salto significativo en cuanto a su repercusión, que ha significado una sacudida importante en la escena pop nacional. Prueba de ello es que sus oyentes se han multiplicado y esa creciente repercusión se ha visto plasmada en un meritorio sold out el pasado 18 de enero en el concierto que Salvador Tóxico hizo con motivo de la presentación de su disco en el Costello Club de Madrid junto a Fominder.

¿Y cómo se explica este rápido crecimiento de la banda madrileña? Pues basta con realizar una escucha a su último álbum Canciones de laboratorio. Un disco mucho más variado y guitarrero que sus dos trabajos anteriores, más influenciados por el electro pop que por la esencia brit, noise e incluso power pop que sí se hacen mucho más presentes en este nuevo LP. Y no es que Salvador Tóxico vayan a dejar de lado a Animalismo o Catálogo de planetas (The Borderline Music, 2016) —no en vano «Me voy a París», «Equipaje de arena», «No» o «Dentro de tu pijama» siguen siendo unas fijas en sus directos—, sino que la banda ha crecido tanto que en este último trabajo han tenido cabida muchos más estilos y sonidos que dan al grupo esa marca de calidad que sólo la experiencia y brillantez pueden otorgar a unos pocos privilegiados. Y es que Salvador Tóxico no son una influencia pasajera ni el típico grupo de moda, sino una banda asentada que ha llegado a la élite para quedarse.

Canciones de laboratorio empieza con «El gran volcán», el tema de Salvador Tóxico que ha tenido mayor repercusión hasta la fecha. La canción cuenta con la colaboración estelar de La Bien Querida y proporciona al oyente una explosión de pop intenso con una batería muy marcada que sorprende desde la primera escucha. «CsOH H2», con un ritmo alegre puntualizado gracias a unos teclados magistrales perfectamente ubicados tras cada estribillo, es el segundo corte del disco y sirve de magnífico puente para después bajar la intensidad con «Serpiente terciopelo», el segundo single de adelanto de Canciones de laboratorio. «La llave universal», un tema de pop reposado y guitarrero, también nos da muestras de esa variedad sonora de este LP con la incorporación de shakers y panderetas en los estribillos y una combinación de instrumentos clásicos que sitúan este tema entre el folk ochentero y el country más actual. La electrónica, tan presente en la primera parte de la discografía de Salvador Toxico, por fin hace acto de presencia en «Estrella polar» y, sobre todo, en «Laboratorio especial», otro bombazo de este gran álbum que cuenta con otra importante colaboración de la mano de Nos Miran, el dúo madrileño de electropop formado por Sergio Rodríguez y Marta Quintana. Pasado el ecuador de Canciones de laboratorio ya echábamos de menos un tema de Javi apoyado sólo por su guitarra acústica, y este llega con «La ciudad de al lado», un corte intimista cargado de sentimiento y madurez, y con su maravillosa voz prácticamente como única protagonista. Tras esta personalísima canción nos encontramos con «Bajo candado», que, con un arpegio inicial y un principio instrumental que rememoran a «A un minuto de ti» de los mismísimos Mikel Erentxun, se convierte en el octavo corte de este flamante álbum y da paso a «Cielo dorado», probablemente la canción de Canciones de laboratorio que más herencia musical ha recibido de su anterior Catálogo de planetas. «Tritón» es una gran conjugación de teclados posmovida y sintes espaciales influenciados por la electrónica de la década de los ochenta que bien podría haber firmado grandes solistas y bandas internacionales como Pet Shop Boys, Jean-Michel Jarre, Nacho Cano o Limahl. Y el final de Canciones de laboratorio llega con «Dueños del Sol», una explosión de teclados y guitarras apoyadas en un magnífico colchón rítmico de Chema Ruiz (excelente durante todo el disco) y la suave voz de Javier Castellanos. Una canción redonda que no desentona en absoluto con el resto del álbum y que viene a confirmar la perfección lograda por Salvador Tóxico para este gran disco.

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