Más chula que un ocho: Carolina Pasero, programadora en Moby Dick Club

Más chula que un ocho: Carolina Pasero, programadora en Moby Dick Club

Programación en Moby Dick Club, fundación del sello discográfico Rock is Pain y creadora de la agencia de comunicación y management Cultura Magnética: tres perfiles diferentes para conocer a Carolina Pasero.

En primer lugar, háblanos de ti. ¿Quién es Carolina Pasero?
Carolina Pasero es una madrileña criada en el barrio de Vallekas. Amante de la música, cómics e ilustración, animalista, feminista y desde hace tres años madre de una niña llamada Elvira (homenaje a la protagonista de Elvira: Mistress of the Dark). Actualmente, programadora artística y responsable de producción de la sala Moby Dick Club.

¿Cuál es tu relación con la música?
Desde bien pequeña me flipaba la música y mi padre alimentó con su colección de singles en vinilo y su buen gusto mis ansias de conocer nuevas bandas que me dieron un conocimiento bastante amplio de la música cuando ya era adolescente. Así que con catorce años ya iba a todos los conciertos a los que me era posible asistir. Siempre aparenté más mayor, así que la edad no fue un problema para disfrutar de la música en directo (The Black Crowes, Metallica, Los Planetas, The Killer Barbies, Sin City Six, The Cramps, .. ) Con diecinueve años entré en el departamento de música internacional de la Fnac (cuando la Fnac molaba y era un punto imprescindible en la compra de música madrileña) y desde ahí di el salto a fundar mi propio sello discográfico, Rock is Pain (RIP, estas siglas las llevo tatuadas en la muñeca). Compaginé el sello con mi trabajo en UFI, luego programadora de la sala Caracol, más tarde entré en La Noche en Vivo y a su vez con colaboraciones con otros sellos y management de bandas. Actualmente compagino mi trabajo en Moby Dick Club con mi agencia Cultura Magnética donde trabajo en la comunicación y el management de bandas como Mohama Saz.

¿Crees que tanto artistas como salas valoran el trabajo de una programadora como se merece?
Aquí tengo experiencias de todo tipo. He estado en salas donde el dueño es un empresario sin amor a la cultura ni a la música y solo ve números. Como no puedes pedir peras al olmo, tampoco nos vamos a poner en plan dramático: lo único que se puede hacer es intentar hacer tu trabajo lo mejor posible y, en casos así, anteponer apuestas que den pasta en caja a la calidad o posicionamiento de la agenda en el ámbito cultural. Claro, con esto terminas aburridísima y no te luce nada el curro. Consejo: huye en cuanto puedas.
Ahora mismo dentro de mi carrera, Moby Dick Club ha sido la única sala en la que he trabajado donde sí valoran —y mucho— el desarrollo artístico y posicionamiento de su agenda. Me dan recursos económicos, humanos y tecnológicos para poder hacer mi trabajo correctamente. Confían en mí y se fían de mi criterio. Todo esto debe dar unos resultados económicos, es lo que tiene trabajar en el ámbito privado y ahí está el contrapunto romántico a la programación artística. Yo soy de las que sufre con la venta de entradas, sea un concierto de producción propia o no. Reconozco que si las cuentas salen positivas voy a tener más libertad para la parte creativa de mi profesión, así que me esfuerzo un montón en que la parte contable fluya.
Respecto a los artistas, creo que en general les cuesta ponerse en el lado del programador o promotor, piensan que solo miramos los números: pero es que ahí está la clave. Si las cuentas no salen, esto se hunde. Muchos otros valoran nuestro trabajo porque viven en sus carnes la autoproducción de todo, así que les es más fácil ponerse en tu lugar. También hemos creado una «victimización del artista»: ese rollo de «pobres, todo el mundo se aprovecha de su trabajo» y, claro, es muy fácil caer en ser víctima de todos en vez de espabilar y currar, tengas más o menos medios. Hay que tener ganas y ser empático en el ámbito cultural, un sector muy poco valorado en nuestro país y por el que no se apuesta.


Los ocho de Carolina Pasero

  1. Kristin Hersh – «Spain»
    Una de mis artistas favoritas. El tema que he elegido dio nombre a mi sello discográfico Rock is Pain. La canción habla del miedo a perder a su marido después de una bronca monumental. Justo la pilla todo el lío de gira por España.
    Recuerdo verla en directo en el fórum de Fnac en acústico con su hija de dos años a cuestas de gira por Europa. Me abrió los ojos y ahora soy yo la que me llevo a mi hija de bolos e incluso al Moby Dick Club cuando no tengo quien pueda cuidarla. Ahora me estoy leyendo su libro Rat Girl, que no tiene desperdicio
  2. PJ Harvey – «Down by the Water»
    Admiración máxima por esta mujer, para mi es la fuerza y la sencillez musical. Parece todo tan básico pero hay tanto detrás. Su estética y su contra punto anti todo dentro de su timidez
  3. Morphine – «Thursday»
    Cuando escuché por primera vez a esta banda me pareció puro sexo. Me encantaba que no tuvieran guitarra, lo gordo y sucio que sonaba todo.
  4. Nina Simone – «Sinnerman»
    La gran Nina, superviviente de un montón de mierda desde la infancia. Esa voz, ese inconformismo, esa chica valiente y especial. Cuando leí su biografía me hice fan absoluta, su vida te atrapa y te da una bofetada. He elegido «Sinnerman» porque creo que suena a un montón de artiscas que me encantan como Nick Cave, Tom Waits, Mark Lanegan… y es el sonido y ritmo por excelencia.
  5. Screaming’ Jay Hawkins – «I Put Spell on You»
    Una de mis canciones favoritas del estrambótico y extravagante Jay. Cuando lo ví en un vídeo no daba crédito, me pareció lo más y no me extraña que lo metan en mil bandas sonoras. Me tatué esa frase en mi brazo porque es la pura magia del amor
  6. Beastie Boys – «Sure Shot»
    Si me dijeran en qué grupo te hubiera gustado tocar hubiera elegido Beastie Boys sin pestañear. Me parecen superdivertidos, creo que se lo pasaban genial tocando juntos y tienen temazos. «Sure Shot» me da ganas de saltar como una loca, es la típica canción que te alegra un mal día.
  7. Mohama Saz – «Esplendor de cristal»
    Mohama Saz son amigos y les he estado gestionando la comunicación y booking en el último año. Jamás me involucro en un management sin estar enamorada de la banda y su música. Además de excepcionales músicos y buenas personas me parecen de lo más original que se ha hecho en tiempo en España. Esta canción está dedicada a la muerte, un adiós iluminado y maravilloso.
  8. Motociclón – «Crapulismo»
    Mi primera referencia como sello discográfico. Recuerdo que una amiga me los puso en el coche durante un viaje a Alicante y me comentó que estaban sin sello. ¡Flipé con ellos! En una primera escucha me quedé con la mitad de las letras de las canciones, me parecieron frescos, divertidos y con un rollo quinqui vallekano con el que me sentía muy identificada. Al mes estaban fichados y vendimos 3.000 copias entre CD y vinilo. Estoy muy orgullosa de ellos y me siguen pareciendo un grupazo.

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