Lanzadera #37: Melenas son fieles a sí mismas

Lanzadera #37: Melenas son fieles a sí mismas

Hace un mes que Melenas publicó Días raros, su último disco. Un trabajo heterogéneo y emocional en el que las navarras son fieles a sí mismas.

Fotografía: Mirari Echávarri

Toda noticia vinculada con Melenas crea una expectativa. Conciertos futuros, sencillos que funcionan como aperitivo o vuelos transoceánicos. Después de la enorme acogida que tuvo el grupo navarro con su primer y homónimo disco, publicado hace ya tres años, el cuarteto publicó en mayo su nuevo trabajo, Días raros (Elsa Records/Snap! Clap! Club, 2020). Un segundo largo en el que Melenas se reivindica como una de las propuestas más interesantes del alternativo peninsular.

A veces las musas llegan de la constancia y rutina diarias. Y otras tantas durante esos días diferentes, confusos y no convencionales. Esos Días raros. Días de normalidad casera y de procrastinar los domingos. De jurar en hebreo y arameo que nunca más volverás a beber mientras la resaca sigue colgando cuadros en tu lóbulo frontal. De disfrutar del gotelé de tu cuarto o de la última novela de Blackie Books. De la chica de la curva de Cuarto milenio y los partidos de segunda en abierto. De no estar para nadie. Ni para ti. De esas jornadas alejadas de lo querido por las redes sociales. Desde todas estas situaciones (y más) se ha generado Días raros, el último disco de Melenas.

Melenas venía marcando su nueva senda a través de sus adelantos: «Primer tiempo», «3 segundos» y «No puedo pensar». Tres canciones en las que permanece su anterior esencia con sus melodías pegadizas y su aire desenfadado, pero en las que era manifiesta una apertura de miras. Un cambio de intenciones. Ahora los sintetizadores asumen protagonismo, la inmediatez pop luce su rostro más rock y la estructura de la canción ofrece perversiones dentro de su propia composición instrumental. El pop sigue viviendo en Melenas. El garage sigue siendo su hábitat natural. Pero las navarras han decidido arriesgar en este segundo disco bajo una clara premisa: hacer lo que les saliera de las entrañas. O del coño. A veces se cobijan bajo los coros y las capas sonoras («29 grados»), otras sobre percusiones casi antropológicas («Despertar»). Se enroscan en sí mismas para mostras su versión más íntima y melancólica («El tiempo pasado») o se convierten en el animal más sinvergüenza del lugar («Los alemanes»). Incluso se atreven con un género clásico en su último corte, «Vals», donde a su ritmo le añaden una atmósfera más oscura.

Melenas son libres como el viento y consiguen lo que debería ser lo natural en toda banda: ser fieles a sí mismas. Por eso Días raros no contiene ninguna canción de relleno. Su heterogeneidad se convierte en su mejor aliada para crear canciones tan soberbias como «Ciencia ficción» (magnífico estribillo), «En Madrid» (el ascenso de las teclas) o «Ya no es verano» (uno de sus cortes más luminosos). Un disco enorme sin encasillamientos.

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