Nievla, la nueva esperanza granadina

Nievla, la nueva esperanza granadina

La fertilidad de Granada sigue generando bandas con las que llenar festivales y sorprendiendo como en el caso de Nievla, su nueva esperanza.

Granada y música siempre han bailado al mismo compás. Sin importar el estilo ni el ritmo. Una ciudad con una población que coquetea con el millón de habitantes atesora una de las canteras más productivas del sector musical desde hace décadas. Y la máquina sigue activa y en un estado de forma inmejorable. Tanto es así que sus nuevos proyectos ya no quieren emular a sus hermanos mayores locales. Ahora buscan crecer sin ataduras desde sus inicios. Como ocurre con Nievla, una de las últimas revelaciones del panorama independiente granadino.

Nievla está formada por Antonio, Nacho, Álvaro, Andrés y Toni. Cinco tipos de apellidos comunes en la heráldica española que, sin embargo, no hacen nada común en la capital nazarí: combinar el pop clásico con la psicodelia más oscura. El quinteto surgió a mediados de 2018 a raíz de su amistad y su pasión por la música. Un gusto que fue tomando forma tras sesiones en el local de ensayo y que derivó en su primer EP, Septiembre (autoeditado, 2019). Las seis canciones fueron grabadas en La Resinera bajo el mando de Jaime Beltrán, una experiencia tan positiva para ambas partes que ahora han vuelto a reunirse para crear juntos su último trabajo, Octubre (autoeditado, 2020).

Octubre llegó en el quinto mes del año igual que el invierno y su hibernación permanecieron en esta primavera. Nievla no pretende crear himnos pop para desgastar las suelas de tus zapatillas ni tampoco convertir en viral tu último vídeo en TikTok. Ellos se mueven mejor en los recuerdos de una fotografía ajada, en la caricia de un libro recién terminado o en la despedida antes de un largo viaje. Nievla elude la rima fácil y las frases repetitivas. No les encontrarás ahí. El quinteto se erige como adalid de la nueva psicodelia sin renegar de los sintetizadores ni de sus raíces («Hasta aquí», «Cuando me duerma»). Sus canciones son abruptas y escarpadas (la épica «Sin red»), melancólicas e incluso hirientes («Catorce dieciocho»). De luces (la optimista «Poco a poco») y sombras (la intimidad creada en «Lucía duerme»). Nievla es el contraste en un mundo de repeticiones. La sutileza. La pausa durante el contraataque.

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