Los Mejillones Tigre, tropicales y salvajes

Los Mejillones Tigre, tropicales y salvajes

Los Mejillones Tigre nos invitan a su fiesta en Tropical y salvaje, con diez canciones que rezuman pop yeyé, psicodelia, garage, surf y cumbia.

Los Mejillones Tigre se sirven del garage surfero y psicodélico para unir en un mismo microcosmos a personajes de leyenda con realidades modernas. El cascabel de la serpiente y los sonidos de ultratumba sirven para iniciarse en este disco, un trabajo comprendido por diez canciones que sabe a aguardiente añejo y que rezuma contemporaneidad. En dos palabras: Tropical y salvaje (Clifford Records, 2020).

Retomando ese sonido fronterizo, Los Mejillones Tigre abren el disco con «Apocalipsis Zombie», tema hermano de «Ofendidito» (enorme cumbia), sus dos canciones dedicadas a los males de las redes sociales. Al postureo, al vivir una segunda vida a través de coreografías absurdas, sonrisas impostadas y enfados de piel fina con cada publicación de más de 140 caracteres. «Ella no quiere bailar» impacta desde la primera escucha como uno de sus temas más inmediatos, adictivos y remanentes en la memoria musical. Los primeros años de la psicodelia se combinan con las películas protagonizadas por Los Ángeles y muchachas que sí que bailan al son del pop más yeyé. La bajada a los infiernos se presenta en forma de oda dedicada al peor enemigo de la luz: «Satán es amor». Pese a ello, el groove y guitarra de querencia negroide y funk le aporta al demonio cornudo un rayo de luz de lo más pegadizo.

Los Mejillones Tigre no sólo sirven para llenar el buche en las terrazas veraniegas. Estos muchachos se atreven con el rock, la psicodelia, el garage y también con los sonidos latinos. Y a que viajes con ellos a través de su sonido. No hay más que escuchar «Voodoo», con esos coros caribeños. No hay más que escuchar «La avioneta», con esa cumbia que suena sin pudor y con muy buena vibración. Una sintonía positiva que aumenta cuando practicamos «La danza del pacharán» y «Ayacayé», unas melodías garageras, rockeras y alcohólicas que pueden conseguir que acabemos teniendo «Encuentros misticoeróticos con Sheela» en medio de la selva o en desiertos californianos mientras la psicodelia y los psicotrópicos nos zambullen en un viaje sin destino final. O no. A la vuelta de la esquina nos espera un chupasangres muy yeyé que se cuela en nuestros sueños (y nuestros dormitorios) al ritmo de «Yo soy el vampiro». Tropical y salvaje se publicó hace meses, pero para muchos de nosotros ha supuesto el verdadero verano. Diez canciones en las que demuestran que la salud de la creatividad en este país sigue intacta. Que la luz volverá. Que las mezclas siempre son buenas. Y que el mejillón se come al tigre.

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