Los últimos regalos de Rafael Berrio

Los últimos regalos de Rafael Berrio

No sin tristeza hemos escuchado el EP póstumo del donostiarra Rafael Berrio, una de las piezas que completan su legado musical.

Fotografía: Juan G. Andrés

Una de las peores noticias que nos deja este 2020, es el fallecimiento de Rafael Berrio. El artista donostiarra, se iba el pasado 31 de marzo, dejando a este mundo sin uno de los mejores letristas en español que hemos conocido,  algo que han reconocido muchos músicos y prensa especializada, pero que él recibía con algo de desconfianza. «A veces me molesta un poco que digan que soy buen letrista porque parece que están diciendo que no sé hacer buenas músicas» me confesó, entre vinos, en una ocasión tras un concierto en Vigo. Algo también erróneo, porque como melodista y como intérprete también es sobresaliente, un artista con una personalidad única, que nunca llegó a ser reconocido como se merecía. Nunca entendí por qué no llegó a llenar teatros, por qué no pudo tener a ese público español admirador de las canciones con contenido poético.

Conocedor de su enfermedad, nunca dejó de crear y tras publicar Niño futuro (Rosi Records, 2019) el año pasado, se puso a preparar su siguiente trabajo, que a pesar de decirse por ahí que sería continuación, no puede ser considerado así, sobre todo en la sonoridad. En enero, dos meses antes de irse, entró en Elkar Studioa, de Donosti, con la intención de grabar sus últimas cinco canciones, de las que finalmente solo le dio tiempo a grabar tres. Un músico que siempre se movió a la perfección entre el rock y la chanson francesa, entre Lou Reed y Georges Brassens, en su último disco nos mostró esa otra parte, un EP de valses que se abre con una de las mejores canciones que ha escrito. En «Insulsa», una canción a ritmo de vals de salón, nos encontramos a un Berrio con su particular humor (negro, muchas veces), su existencialismo, «el patetismo del ser humano», como él decía y lamentándose de las cosas que no pudo hacer en la vida: «Tan insulsa fue mi vida que jamás vestí un frac, imagínese, jamás vestir un frac».  Siempre insistió en que todas sus canciones estaban cargadas de mucha ironía y de mucho humor y, por lo que se ve, no lo perdió hasta el final. Me imagino a Rafa viéndonos, entre carcajadas, mientras escuchamos eso de «Jamás fui yo varón, de romance de chaise longue». El disco, titulado sencillamente EP (Rosi Records, 2020) y editado en formatos de vinilo de 10 pulgadas y CD, se completa con «Violetas», otra preciosa canción dedicada a una imagen que yace en un libro, y «Al viento», una versión a ritmo de bossa nova de una vieja canción de su repertorio.

Paralelamente trabajó hasta el último momento junto con Jonás Trueba en un libro que recopila gran parte de sus letras, que finalmente ha sido publicado bajo el título de Absolución (Comares, 2020), en el que nos podemos encontrar letras de todas sus épocas y proyectos, incluso algunas inéditas como «Casa aislada», una de sus mejores letras.

Y así, sin grandilocuencias, Rafael Berrio se despide de nosotros con estos últimos regalos, estos tesoros que por su atemporalidad podrán ser disfrutados aún dentro de uno o dos siglos.

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