La fiesta de Emilia, Pardo y Bazán

La fiesta de Emilia, Pardo y Bazán

Emilia, Pardo y Bazán acaba de publicar La fiesta que me prometiste. Treinta minutos desguazando el amor.

Emilia, Pardo y Bazán llega desde Talavera de la Reina pero tras escuchar La fiesta que me prometiste (Lunar Discos, 2024), su último disco, dudo que nadie intente destrozar su cerámica a martillazos. El cuarteto manchego escupe toda la rabia, retuerce sentimientos que no han llegado a buen puerto y se fustiga por el tiempo perdido y nunca más recuperado. Sin embargo, también hay espacio para la autoparodia y la crónica realista. Ese costumbrismo reformulado con pasajes del siglo XXI como la vivienda precaria, el sentimiento mal encarado o el consumismo embalado. Mensajes sin escuchar, paredes finas de sonido liberado y amores desencantados.

La fiesta de Emilia, Pardo y Bazán empieza en la minúscula cocina que superpone «Electrodomésticos», primer tema del disco y primera prueba del talento de Sergio Sanguino con las palabras. Soberbia, rupturas, idas y venidas. «Nube Kinton» y «No merece la pena» le siguen a la zaga, dando voz a ese sentimiento de lejanía que uno mantiene con su pareja después de la monotonía y los festivos caseros. Tan cerca, tan lejos. Por el pasillo pulula «De rodilllas», los fantasmas de Nacho Vegas y Nick Cave vigilados por azulejos engrasados y cuadros animados, seguido de la luminosa «Preocúpate mañana», un ejercicio de procrastinación emocional que te salva de caer en el desconcierto día sí y día también. Esta canción merece un sorteo (por favor, que aparezca en el nuevo anuncio de la ONCE). La cama deshecha nos lanza vivencias que quisiéramos olvidar, momentos de lucidez emocional como «Me derretía (Del Palmar a Los Caños)» o «Qatar 2022», pero los marcos vacíos nos indican que sólo somos antihéroes cargados de victorias pírricas y mochilas pesadas. Un último vistazo a nuestro reflejo en el cuarto de baño nos recuerda que «No es que no quiera despertar», es que sobrevivir se convierte en un trabajo a jornada completa ahora que el hogar se ha convertido en una minúscula jaula.

Una de las mejores frases se encuentra en «Treinta metros», cuando Emilia, Pardo y Bazán dice aquello de «amor de clase obrera». Una puntualización que nos sirve de colofón para cerrar la carpeta de La fiesta que me prometiste. Un disco que dura treinta minutos, treinta como las viviendas precarias de precio abusivo. Cuatro paredes y diez canciones para hablar de la decadencia de las relaciones de pareja desde la treintena (y más) y del humor que todo lo sana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: segundopremio.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a piensasolutions que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. ver
Privacidad